La violencia

La encontramos por todas partes, en los hogares, oficinas, buses, centros de abasto, iglesias de cualquier denominación o credo, la podemos hallar en las curules de la Asamblea Nacional, o en las sillas de una común picantería de barrio. Es visitante asidua de cantinas, bares, burdeles, y hasta estadios, no respeta a nada ni a nadie, al ser más tranquilo lo convierte en un salvaje indomable, y a los intranquilos los vuelve completamente locos.

No hay certeza sobre que la ocasiona, sus motivaciones son tan variadas e infinitas como el mismo universo, y sus consecuencias son impredecibles, funestas, mortales, y terriblemente dolorosas para la generalidad de casos. Ha estado en la humanidad, desde que el mundo es mundo, en la teoría creacionista, cuando Dios desterró a la pareja conformada por Adán y Eva del edén por atreverse a comer del fruto prohibido del paraíso terrenal. La violencia hizo su primera aparición con el brutal asesinato de Abel a manos de Caín su propio hermano.

En la teoría evolucionista, aparece en las guerras entre clanes y tribus por marcar dominios y territorios. Desde entonces, hasta la fecha, nunca el planeta ha respirado aires de paz verdadera. Si hasta parece que la violencia viniera en paquete en cada niño que nace. Parece que a la raza humana no le gustara vivir en armonía, siempre estamos generando divergencias, a veces absurdas, otras veces justificadas, pero confrontaciones al fin. En los últimos tiempos los hechos criminales, han desbordado todos los límites y se están volviendo incontrolables, sobre todo en las grandes urbes del país, en las que se has tornado descarados y crudos, ante los ojos llenos de asombro e impotencia de quienes soñamos en una vida pacífica, en donde las diferencias se arreglen dialogando mediante acuerdos equitativos que no favorezcan a unos y perjudiquen a otros. Ya sé que resulta utópico imaginar gente así, como también, comprendo que a lo largo de la historia todos los que pregonaron y practicaron la paz terminaron muertos de manera violenta, hombres grandes como Gandhi, Martin Lhuter King, y el más grande de todos Jesús. Es que estamos tan cegados que, cuando alguien nos propone cosas diferentes, enseguida lo tildamos de loco o desubicado y lo ignoramos.

Por eso, tenemos altos índices de violencia y matanza colectiva, mujeres asesinadas por sus esposos, o sus convivientes, también, hombres que sufren malos tratos de quienes habitan con ellos, hijos que son víctimas de agresiones verbales, psicológicas y físicas, de parte de sus padres. Madres y en ciertos casos hasta de sus hermanos, más fuertes pueden ser mayores o menores dependiendo del caso, existe violencia de tipo sexual, como la pedofilia que se ha puesto al descubierto en los últimos escándalos de la iglesia católica. ¿Qué hacer ante esto? La respuesta está en cada uno de nosotros intentando pacificar primero nuestro ambiente ya sea familiar, laboral, en fin en donde se desarrollen nuestras actividades cotidianas normales solo así podremos formar una cadena fraterna para al menos menguar esta maldita violencia que asola la tierra. Nada se pierde con comenzar pero ahora mismo, por parte de los poderes centrales y de la sociedad que la integramos todos.