El día en que la bandera de Loja flamea en todo el país

A mis 22 años iniciaba mi función docente, gustaba del deporte y junto a los paisanos de aquel tiempo vivimos el fenómeno de la migración de nuestra familia y amigos en nuestra provincia. Entre los años 1968 y 1969, el ganado vacuno estuvo al borde de desaparecer, lo poco que quedaba se desplazaba a las partes altas de los cantones donde quedaba algo de pastizales. Muchos compatriotas habían dejado sus tierras y salieron sin rumbo cierto como decía el expresidente Jaime Roldós Aguilera «lo único que llevaban en sus hombros era la alforja vacía». A medida que pasaban los días, varias familias buscaban mejores oportunidades migrando a diferentes ciudades del país, entre ellas Santo Domingo, Lago Agrio y Quito.

En aquella década la sequía y la lluvia eran un espejismo entre los cultivos secos y marchitos de la zona. El sector rural de la frontera sur de la patria poco a poco se convirtió en un pueblo fantasma, los pocos que se aferraron a vivir en sus hogares lucharon contra la adversidad de la naturaleza. Las madres y padres jóvenes sin posibilidades reales de subsistir en el medio local echaron raíces en diferentes latitudes del país. Las grandes empresas extinguieron la producción local ya que todos los productos venían de la provincia de Chimborazo y El Carchi, el resto de alimentos provenían desde el Perú.

El terremoto de 1970 agudizó el problema ya que los pocos habitantes que se aferraron a sus campos perdieron sus casas, los caminos estaban destrozados con grietas, la ayuda estatal era una promesa más del dialecto político. Recuerdo que junto a mi esposa y mis dos primeros hijos improvisamos un campamento afuera de la casa, varias noches dormimos sin techo y con temor a que nos sorprenda un sismo a mitad de la noche. Algunos vecinos se refugiaron en las iglesias y escuelas. La tierra tembló durante los meses de diciembre de 1970 y enero de 1971. Este fenómeno acrecentó aún más el número de compatriotas jóvenes que ingresaron y engrosaron las filas del ejército. La gente escuchaba las frecuencias de radios nacionales como una forma de informarse, la radio Progreso enviaba noche a noche los mensajes y aquellos que escuchaban y lo replicaban a través de Radio Zaracay.

A medida que el tiempo transcurría, aquellas raíces de nuestros paisanos dieron fruto en las diferentes cabeceras cantonales, provinciales del Ecuador. La población aumentó y el progreso se vio reflejado en la organización, la actividad social y económica. Nuestros conciudadanos se agruparon y comenzaron a formar las Asociaciones de Lojanos. Un ejemplo es el Centro Social Loja en Guayaquil. En Quito, la Asociación 18 de Noviembre era de los lojanos residentes al igual que la Asociación de Lojanos residentes en Santo Domingo de los Tsáchilas, por citar unas cuantas, pero en la mayoría de los cantones. Nuestros coterráneos dan ejemplo de valentía, solidaridad y progreso.

Los lojanos llevan el nombre de su ciudad impregnada en el alma, renuncian toda ocupación por más importante que sea para elaborar el programa de festividades del día 18 de Noviembre y en la sesión Solemne junto al Pabellón Nacional orgullosos flamean la majestuosa bandera de Loja en todos los confines de la patria, gracias a ese Lojano ausente como lo decía radio Progreso de la ciudad de Loja.