El gato blanco, el gato negro

Diego Lara León

Mientras escribo este artículo aún no se sabe que decisión tomó la Asamblea Nacional con respecto a la denominada Ley de Inversiones, durante los últimos días se ha discutido o se debería haber discutido los pros, los contras, los por qué sí y los por qué no de la ley.

América es el segundo continente que recibe mayor inversión extranjera directa, solo por detrás de Asia y por delante de Europa. Sin embargo, si sacamos de este análisis a Estados Unidos y Canadá, desde México hasta Argentina en el 2021 se generaron inversiones extranjeras directas por alrededor de 150 mil millones de dólares. El Ecuador recibió en el mismo 2021, apenas el 0,45% de toda la inversión extranjera que llegó a América.

Solo con ese indicador nos podemos dar cuenta que algo está pasando con la atracción de inversiones en nuestro país. Les comparto otro dato, Colombia el año pasado recibió mas de 14 mil millones de dólares de inversión extranjera y nuestro vecino del Sur, Perú, recibió más de 4 mil millones, el Ecuador menos de 800 millones.

¿Pero qué gana un país que recibe inversión extranjera? Recibe capital fresco, se puede invertir en innovación, se compra maquinaria, insumos y todo lo necesario para producir, una gran parte de eso en el mercado local, se contrata personal calificado y no calificado, es decir, se genera empleo, al producir y vender se tributa mas impuestos como IVA, IR, etc; se paga tasas municipales, portuarias y otras más. Claro que la inversión no es buena per se, la inversión es buena si se invierte bien. La buena inversión genera crecimiento y desarrollo.

En la economía, así como en la sociedad, todo está interrelacionado, todos vivimos en interdependencia, no existe parámetro en una sociedad que sea totalmente autónomo o que otras variables no lo afecten. Si estudiamos la historia de los pueblos, el desarrollo económico y social ha tenido entre otras, una coincidencia que es clara, la adecuada y armónica relación entre el sector público y sector privado.

Creer que el Estado puede hacerlo todo es un grave error, mas aun en sociedades como las nuestras, donde los estados son débiles y faltos de recursos para atender las necesidades básicas y demás requerimientos sociales. El mismo error lo cometen quienes creen que el sector privado debe hacerlo todo sin regulación del Estado. Todos los extremos son malos. La colaboración y que cada uno cumpla su rol es la clave.

Ignorar no es malo, lo malo es quedarse en la ignorancia o difundir supuestas “verdades” basadas en errados conceptos básicos. Concesionar no es lo mismo que vender, entregar la administración de un recurso no es privatizar, a menos que se venda ese recurso.

Las sociedades requieren que se provean bienes y servicios de calidad y con eficiencia. ¿Importa cual sea el proveedor?, lo que importa es que la dotación de esos bienes y servicios sean oportunos y adecuados, lo que importa es que haya empleo y buena calidad de vida. Vivimos en la era de la especialización, caminemos hacia allá.

¿Nuevas reglas del juego son necesarias para captar más inversión y generar nuevos empleos? Obviamente sí, pues entonces demos los pasos adecuados.

Que los temas fundamentales del Ecuador no se pierdan por mediciones mezquinas y por las mal manejadas ideologías.

Recordemos lo que dijeron los chinos en 1960, cuando decidieron caminar hacia el desarrollo, “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”

                                                                                                        @dflara