Mujeres andinas

Sandra Ludeña

Esta es una descripción, que pretende presentar una cosmovisión diferente de la mujer andina, porque el valor femenino tiene su magia, su sello de distinción.  Yo la he visto vestir su traje típico con tal elegancia y garbo que el mundo entero se inclina ante su portentosa figura.  Porque sabe lucir los colores del arcoíris y llevar los símbolos del sol, la luna, porque en sus palabras hay autenticidad y en su sentimiento el real valor femenino.

La he escuchado hablar diferente al resto de mujeres, la he visto tomar los hijos llamados guaguas y con una chalina enlazarlos a su espalda, acunándolos como canguro a la inversa, llevando el amor acuestas.

La mujer andina lucha por ser libre con estilo de astro, como luna de luz omnisciente, como sol amoroso que no para de abrigar.  La mujer andina sabe de feminismo del bueno, de inclusión y, abraza su entorno.  Atesora lo simple, la puesta de sol, el frio de llovizna, un murmullo de agua en el correr de quebradas, y así, entre el humo de las fogatas, las ollas y la casita de barro, ha crecido con grandeza.

Sus dedos andinos tejen con hilos sacados de su gestión femenina, para ella la lana del cordero es símbolo valioso.  La mujer andina confecciona sus blusas, faldas, diseña sus sandalias y alpargatas, sus accesorios.  Sus artesanías son únicas, como símbolos sus manillas, hechas de mullo, hechas de hilo dicen de su filosofía de amor.  La mujer andina hace bufandas, teje gorras, hace chalinas, con diseños de vicuña, de animal andino, con abrigos sacados de esos imaginarios, con libertad heredada de esos páramos altísimos.

La mujer andina es mujer de convicciones justas, se sabe eje en la creación y encuentra su similitud con la tierra.  Así, lucha por su desarrollo, sin dejar de ser sostén.  La andina no mira a las otras mujeres con celo y sus brazos tejen redes que enlazan sueños, crean sendas para ascender.

Mirándola como danza, trazando símbolos, atendiendo a seis sentidos, he aprendido a estar más consciente y, comprendo más allá de sus palabras si expresa: “aquí estamos para abrazarnos todas”.

“Las mamas andinas” —así sin acento—, se sienten plenamente mujeres y atesoran su matriz.  Ellas entienden de dolores y cuidados de mujeres.  Las curas provienen de la madre tierra, de las hierbas, la naturaleza de la cual son y sienten como cuerpo ampliado.  

Hablar con una andina joven es vivir su magia encendida en el optimismo de los días.  Hablar con una andina mayor es entender el mundo, la vida de un soplo; y, saber que después de ese sereno que trajo sabiduría, jamás se volverá a ser la misma.

Y conversan de comunidad, organización, de estar juntas.  Los valores están inscritos en su memoria, que no es edad de hoy, pues, viene desde ancestros, para testimoniar que somos, que seguimos siendo verdaderos andinos.