Pensando en Loja (II parte)

Benjamín Pinza Suárez

Ser amigos de utopías es la mejor manera de desafiarnos a sí mismos, de adelantarnos  al tiempo y hacer de los imposibles, formas posibles de construir nuestra realidad.

Loja se debate en una crisis profunda de representatividad, se ha quedado sin voz, nos hemos quedado inmovilizados. Son cinco años que Loja no cuenta con una sola obra de qué hablar y nadie dice nada.  Más bien, hay malos lojanos que en lugar de defender sus derechos, son los primeros en apoyar recortes presupuestarios, tal como sucedió con una ex -asambleísta que apoyó, sin rubor alguno, el recorte al presupuesto del Festival Internacional de artes Vivas. Por estas razones es que Loja requiere de auténticos representantes que luchen -con la bandera de la lojanidad- por los intereses y derechos de esta ciudad y provincia digna de mejor suerte; representantes que sean capaces de impulsar proyectos innovadores de gran alcance e impacto, máxime cuando contamos con gente bien preparada y con profesionales de gran nivel y de todo orden, egresados de nuestras universidades.

Actuar con visión estratégica y con criterio geopolítico es fundamental porque a Loja no hay que concebirla como una isla, sino como un ente territorial que está interrelacionada con su entorno regional, nacional e internacional  por ser una provincia fronteriza que requiere implementar políticas de buena vecindad  y políticas  integracionistas de mutuo beneficio en cuanto a planes de vialidad, de comercio, turismo, industria e intercambio de productos agrícolas, industriales y más.

En concreto, lo que se debe exigir de los aspirantes a estas dignidades seccionales, es que, en lugar de estar atacándose entre contendores con difamaciones, calumnias y con discursos demagógicos, exhiban como su mejor carta de presentación el modelo de ciudad y de provincia que quieren impulsar mediante un Plan de Acción diseñado con visión estratégica,  que tenga como propósito central convertir  a Loja en un referente de urbanismo, de inversión en la obra pública, de ordenamiento territorial, de proyectos de gran impacto social que supere asimetrías y sea un ejemplo de progreso sostenido y sustentable; Plan que no debe circunscribirse a los cuatro años que dura un mandato electoral, sino que esté estructurado de manera planificada y por etapas, capaz de poder ejecutarse cronológicamente con la participación directa de la ciudadanía. En segundo lugar, es menester contar con un registro de los problemas básicos que afectan a los sectores periféricos para encararlos con eficiencia y consciencia social. En tercer lugar, superar esas taras mentales de verse como enemigos los alcaldes con los prefectos y los asambleístas, en lugar de trabajar juntos en pro del desarrollo equilibrado de la ciudad y la provincia con obras y proyectos de gran envergadura y no con obras parches, coyunturales y de poca monta que solo buscan réditos electorales. Los lojanos debemos acostumbrarnos a pensar en grande, con altivez, optimismo, persistencia y coraje. 

Tanto desde el Municipio como desde la Prefectura, se debe impulsar procesos de descentralización administrativa que involucre a los cantones y parroquias rurales en la toma de decisiones y ser corresponsables de su adelanto y progreso. Solamente un trabajo y una gestión conjunta, permitirán a Loja desarrollarse sostenidamente y tener voz propia, fuerte y contundente que la libere del abandono y sumisión al poder centralista.