Celebremos el Día de la Tierra todos los días

Numa P. Maldonado A.

Hace 52 años, el 22 de abril de 1970, unos 20 millones de estadounidenses salen a manifestarse en las calles aduciendo motivos de defensa del equilibrio ecológico planetario, impulsados por los primeros movimientos ambientalistas. El senador demócrata Gaylor Nelson,  vocero de esos visionarios grupos,  logra que el Congreso de EUA  cree la Agencia de Protección Ambiental y apruebe la Ley de Aire Limpio. Hechos y circunstancias, de alcance nacional al inicio,  que dan origen a la celebración del Día de la Tierra en otros  países y hoy, en gran parte del mundo. Pero a algo más importante aún: que esa celebración no solo impulse otros movimientos ambientalistas, sino que incentive importantes acciones para mitigar los efectos de la inadecuada conducta humana (deforestación, contaminación, consumismo, inequidad, violencia…) contra la Pacha Mama, nuestra Casa Común, y contra los más indefensos. Inadecuados e insensatos comportamientos liderados por el minúsculo grupo dueño del poder económico y político mundial, responsable de la sexta extinción de especies, el cambio climático y las pandemias globales. 

Desde la visión de la ONU, la Tierra enfrenta hoy una «triple crisis planetaria»: la alteración del clima, la pérdida de naturaleza y biodiversidad, y la contaminación y los residuos. Tenebroso panorama ante el cual, en un rapto de esperanza y optimismo, responde con ejemplos_ iniciativas: 1) Conversión de minas de carbón en sumideros de carbono, siguiendo el ejemplo de Green Forests Work , ONG  que restaura bosques en tierras afectadas por las excavaciones superficiales de carbón en los Apalaches, una región geográfica y cultural del este de los EUA (desde 2009, GFW  restaura las tierras minadas con la plantación de casi cuatro millones de árboles originarios en más de 2400 hectáreas, recobra aire puro, agua limpia y un mejor hábitat para la vida silvestre); 2) restableciendo la conexión con el ecosistema, con el ejemplo de Gondwana Link en Australia: los pequeños focos de biodiversidad que habían permanecido intactos en una enorme extensión de vegetación natural perdida por actividad humana, se están reconectando desde los bosques semiáridos hasta los altos bosques húmedos, plantando extensas áreas y observando con júbilo que la fauna  silvestre  está regresando a su hábitat; 3) Trasplante de fragmentos de coral “supervivientes”, con el ejemplo del resultado alcanzado en Belice por Fragments of Hope, que da nueva vida a  arrecifes devastados mediante la siembra  de corales genéticamente robustos, diversos y resistentes (Parque Nacional Laughing Bird Caye); 4) Restauración de cuencas afectadas por la crisis climática en los Andes, con el ejemplo de Acción Andina, ONG que restaura y conserva extensas áreas con ayuda de comunidades locales de cinco países sudamericanos, plantando árboles nativos y protegiendo las fuentes de  agua, para contrarrestar la pérdida de  los bosques autóctonos durante los últimos 500 años, acelerada por el rápido derretimiento de los últimos glaciares: para fines de 2022 habrá sembrado más de seis millones de árboles originarios a lo largo de los Andes; 5) Restauración de las praderas marinas (los pastos marinos realizan fotosíntesis de la misma manera que las plantas terrestres, utilizando la luz solar para sintetizar nutrientes a partir de dióxido de carbono y agua y liberando oxígeno), con el ejemplo de Project Seagrass , Reino Unido.

En Loja, la labor de la Fundación Naturaleza y Cultura, AKU  y el Club Ecológico La Cascarilla, son igualmente ejemplos encomiables.