La conquista del pensamiento intelectual para fraguar grandes ideales de vida

Galo Guerrero-Jiménez

El progreso humano desarrolla cada vez más y mejor su progresión y desarrollo gracias al potencial de la razón, de las emociones, de la ciencia, de las artes, de la cultura y del humanismo en general, de manera que los grandes ideales para expresar nuestra ilustración son más evidentes en la medida en que la educación florece desde concepciones profundamente sentidas cognitiva, axiológica, estética y éticamente encaminadas a robustecer concepciones positivas para resolver los problemas del mundo.

De ahí que, lo mejor que cada ciudadano puede hacer para encaminar los ideales de progreso desde su percepción personal, es atreviéndose a conocer el mundo con las herramientas que nuestro cerebro las posee ya estructuralmente y que, desde una adecuada formación, tal como lo señala el psicólogo Steven Pinker, es posible que cada persona pueda inmiscuirse “como ser ‘sintiente´, consciente y capaz de sentir [porque] posees el potencial para ‘florecer’. Puedes refinar tu propia facultad racional aprendiendo y debatiendo. Puedes buscar explicaciones del mundo natural a través de la ciencia, y la comprensión de la condición humana a través de las artes y las humanidades. Puedes sacar el máximo partido de tu capacidad de sentir placer y satisfacción [porque] has sido dotada de un sentido de compasión o empatía (…) y puedes gozar del don de la benevolencia mutua con amigos, familiares y compañeros. (…) Puedes fomentar el bienestar de otros seres ‘sintientes’ promoviendo la vida, la salud, el conocimiento, la libertad, la abundancia, la seguridad, la belleza y la paz” (2021), como atributos excelsos que poseemos para que nuestra racionalidad se fortalezca en la praxis con estos principios que le son inherentes a cada ser humano si, desde el estudio debidamente sintiente, interiorizado y canalizado desde la nueva percepción de un  lenguaje que camina en aras del progreso humano que hoy es tan evidente científica, tecnológica, artística y humanísticamente en muchos sectores de la población mundial.

Y los instrumentos más idóneos para asumir todos estos ideales de vida que tan lúcidamente plantea Pinker, están en la familia y en las diversas instituciones educativas y científicas que persisten en el mundo entero con sus fortalezas y debilidades. Desde aquí surgen grandes modelos de vida con experiencias exquisitas que al compartirlas con un lenguaje armónico, sintiente, expositivo y argumentadamente expuesto en un texto escrito, es posible promover el papel formativo que los escritores y/o investigadores llevan a cabo para que sean analizados lingüísticamente desde el aporte que entre lenguaje y cultura son capaces de promover científica y/o poéticamente desde la voz humana que desde la oralidad y la escritura, el ente humano que quiere formarse, es capaz de escuchar o leer esa palabra altiva, elocuente, orientadora, que no se doblega porque siempre aparece firme, rítmica y/o contumaz, atrevida, profunda, estética, como la del poeta, por ejemplo, que “es quien guarda y multiplica la fuerza vital del habla. En él siguen resonando las antiguas palabras y las nuevas salen a una luz común, desde la activa oscuridad de la conciencia individual (…). O en quienes el lenguaje es una vicisitud de vitalidad extrema, son capaces de ver más allá, de hacer de la palabra algo que se prolonga allende la muerte” (Steiner, 2013), como el testimonio fiel que queda latente, viviente, en un texto escrito que cruza las inmensidades del tiempo para encontrarse con un lector que, ansioso, complaciente, quiere adentrarse en las  profundidades de ese manojo de palabras que, en silencio, o en voz alta, comienza un ritual de comunicación íntima, como el que confiesa la escritora Irene Vallejo, “con el libro abierto entre las manos, te dedicas a una actividad misteriosa e inquietante, aunque la costumbre te impide asombrarte por lo que haces. Piénsalo bien. Estás en silencio, recorriendo con la vista hileras de letras que tienen sentido para ti y te comunican ideas independientes del mundo que te rodea ahora mismo (…). Tú puedes, en cualquier momento, apartar los ojos de estos párrafos y volver a participar en la acción y el movimiento del mundo exterior. Pero mientras tanto permaneces al margen, donde tú has elegido estar. Hay un aura casi mágica en todo esto” (2021) que cada lector la experimenta a su manera.