Pros y contras del gobierno de Lasso

Numa P. Maldonado A.

A un año de gobierno del presidente Lasso es importante que los medios de comunicación, la clase política, la academia, los diferentes gremios y ojala toda la ciudadanía,  realicemos un análisis serio y ponderado sobre este acontecimiento que nos involucra a todos: constructivo, sin dogmas y lejos de afectos y desafectos, peor aún bajo la influencia de la opinión pagada que realizan ciertos “analistas” políticos. Con esta corta introducción, reconociendo mis limitaciones y como ciudadano común no experto en el tema (ni economista, ni politólogo…), cumplo con el deber de expresar lo siguiente:

1)   Lo bueno del gobierno:  sin duda alguna el éxito del programa de vacunación nacional que está logrando la lenta y ojalá sostenida recuperación de la actividad productiva; y en segundo lugar,  la reducción del déficit fiscal, de 7000 a casi 2000 millones de dólares (en proyección al presente año), que también abarca a otros logros importantes como  la recuperación del escuálido fondo de la  reserva internacional (un importante fondo de garantía), ubicado hoy  en la cifra de 10.000 millones de dólares (por ingresos petroleros y buena recaudación de impuestos). Todo lo cual, unido al alza del sueldo básico a USD 425 y al ordenamiento financiero que ha significado cuantiosos ahorros en la adquisición de vacunas y otros insumos, intuyo, significa para el gobierno y algunos analistas, “poner la casa en orden” en términos macroeconómicos. También es digno de reconocer que, en este primer año, no se ha conocido ni denunciado actos significativos de corrupción que involucren a funcionarios  del gobierno, algo digno de aplaudir.

2)   Lo  malo del gobierno: sobresale el crecimiento inaudito de la inseguridad que, con ser un problema estructural heredado y, por lo tanto, de difícil solución, sintetiza la grave crisis moral del país: fortalecimiento del narcotráfico y el crimen organizado, impunidad para los poderosos, degradación de la justicia…, en definitiva el triunfo de la “inteligencia criminal” sobre la  “inteligencia estatal”,  que tiene hasta un sector dirigido por “narco generales”. Frente a lo cual el gobierno no encuentra el camino correcto para enfrentarlo, mientras suben los índices de riesgo país y merman los de la paz y seguridad internas. Un segundo cuestionamiento es la ineficacia para resolver los más agudos problemas  microeconómicos que afectan al sufrido y mayoritario pueblo llano: falta de empleo, deficiencia en los servicios básicos, principalmente en infraestructura en salud,  educación, y  vialidad, y en estos últimos días el alza desmedida de alimentos, inicio de una aguda inflación…En todo caso, esfuerzos fallidos para sostener la buena gobernanza, especialmente en las relaciones ejecutivo-legislativo y para detener el crimen y violencia.

Ante esta crítica situación, protagonizada fundamentalmente por nuestra clase política carente de liderazgo, que prioriza las revanchas y rencillas  antes que el trabajo responsable, no nos queda mas que esperar una suerte de cambio milagroso que haga entrar en razón y de luces a los principales actores de los cuales todos dependemos. Porque de sus aciertos y no de sus errores o vacilaciones, peor de sus picardías, depende el futuro inmediato y mediato del Ecuador.