¿Por qué no se tecnifica al campesino?

David Rodríguez

No es posible desconocer que el alfabetismo es una circunstancia desfavorable para el desenvolvimiento del campesino, si no sabe leer ni escribir, no puede recibir los conocimientos de forma académica. Felizmente ciertos sectores de la provincia, como el fronterizo, tiene un porcentaje mínimo de analfabetismo. Las nuevas generaciones en las comunidades autóctonas son letradas y en manos de ellas están apreciables cantidades de tierras donde hay porvenir para el estatismo agropecuario de simple subsistencia. Otra circunstancia desfavorable es la falta de créditos supervisados. El progreso industrial se obtiene con dinero, gastando o invirtiendo en buenos asesoramientos, jornales y herramienta agrícola.

Con la ley de la reforma agraria se alimenta el minifundio y se crean grandes problemas a la industria agropecuaria. Lo que ha conllevado al incremento de la anarquía y la desocupación rural. Las parcelaciones debían hacerse del monto total de las tierras aprovechables, previa organización cooperativista, pasando los latifundios a las comunidades campesinas o al estado, para que éste organice la producción, mediante la capacitación del campesinado y la organización de cooperativas de producción agropecuaria. No es labor de reforma agraria distribuir las tierras de los terratenientes, indemnizando a manera de lotería; es reestructurar el sistema de producción, es distribuir la riqueza forjada por el trabajo colectivo y acaparado para las minorías privilegiadas; es elevar los niveles de vida del campesino y aumentar la producción.

Loja, por motivos de orden agrario, ha sido considerada como zona conflictiva para el cumplimiento de proyectos de Política Agraria. Estos motivos pueden sintetizarse: la carencia de tierras altas para los cultivos; su utilización en la ganadería; la pobre economía campesina; y, la imposibilidad de que el crédito agrícola llegue al campesinado. Estos problemas han mantenido en un verdadero enfrentamiento entre precaristas y patronos, motivando invasiones que han marginado a los terratenientes.

Una tipografía de laberinto, suelo sin estudiarse, sujetos a la erosión y a los fenómenos adversos de los prolongados veranos, y, lo que, es más, suelos de secano y sin aspiraciones de irrigación. Tierras que sólo brindan su producción en los años buenos, cuando el invierno ha normado sus operaciones campestres. Así, la primera obra de fomento de abolición del precarismo, debe ser la de regadío, forestación, créditos bancarios y organización del trabajo cooperativista. hay que transformar el agro lojano con obras materiales.

Hay que contar con la esperanza de que nuevas políticas agrarias acabarán con la explotación de la que ha sido víctima el campesino, de parte del feudalismo, que hoy, como nunca, pide el revalúo de sus tierras, porque vislumbra negocios. Esta promesa será vana si es que no se cuenta con el crédito bancario necesario para el fomento agropecuario y la formación de cooperativismo.