Está a la puerta y llama

Fernando Oñate

¿Qué hace usted si escucha que suena el timbre de su casa? Lo normal, supongo: verifica de quién se trata; y si lo considera conveniente, abre la puerta. ¿Y qué haría si la persona que está frente a su puerta insiste? Quizá usted no desea abrirle, pero él insiste. ¿Abriría por cansancio?

 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3). Cuando leí este pasaje incluido en el último libro de La Biblia, me quedé sinceramente asombrado, y leyendo con atención, descubro que no se trata de un simple llamado. ¿Porqué el Señor todo poderoso me buscaría? ¿Tengo algo especial? ¿Podría serle útil?

La respuesta la encontré en su palabra: “Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes, y los he mandado para que vayan y den fruto, un fruto que dure para siempre” (Juan 15). No se trata de que escojamos seguir a Jesucristo, todo lo contrario, Él nos escogió primero y no fue por azar, o las circunstancias, Él tiene un propósito para nuestra vida, ¿y cómo lo sé?; Pues, el salmista cantaba: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos” (Salmos 139) y entonces, ¿Cuál es ese propósito? Indudablemente, que seamos imitadores de Jesucristo “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pisadas (1 Pedro 2). ¿Puede imaginar cómo sería el mundo si todos fuésemos imitadores sinceros de Jesucristo?

A veces me pregunto ¿Podría el Señor cansarse de llamar a nuestra puerta? ¿Podría cansarse de esperarnos? Él es grande en misericordia y es la esencia misma del amor pero el profeta Isaías escribía: “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca” (Isaías 55).

La realidad en que vivimos me da la sensación de que para muchos se hace difícil encontrar a Dios; o quizá, no desean encontrarlo. Lo cierto es que “El Señor está lejos de los malos, pero escucha las oraciones de los justos” (proverbios 15). No me considero un hombre justo, pero hago mías las palabras del apóstol Pablo “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos (Efesios 1).

Él está a la puerta y llama, dependerá de nosotros si decidimos abrir.