Más allá del cielo

P. Milko René Torres Ordóñez

Nuestra vida está escrita con el lenguaje de la sabiduría. Cada etapa se teje de acontecimientos que se vuelven experiencias. Con alguna frecuencia hacemos una relectura de ella. Aquello que marcó nuestra existencia, para bien o para mal, debe ser actualizada. Los momentos son únicos e irrepetibles. En el mundo de la Sagrada Escritura también sucede. San Agustín dijo que Dios habla al hombre al modo humano. Lo hace a través de personajes únicos e irrepetibles: líderes de la comunidad, profetas, sabios, reyes, apóstoles, discípulos, misioneros.

El libro del Deuteronomio, en la compleja estructura del Antiguo Testamento, ha ejercido un notable influjo en la espiritualidad, fe, y vida de Israel. Escrito en circunstancias especiales se constituye en un medio para educar en el amor y en la fidelidad al único Dios verdadero. La sabiduría divina, parece lejana e inaccesible para el autor sagrado. Sin embargo, su pedagogía tiene un objetivo claro: no hay que buscar a Dios más allá del cielo. Él está en el corazón de sus hijos, creados a su imagen y semejanza. Con amor y libertad quiere que dejemos la esclavitud para construir un presente y un futuro que nos haga felices. Es un camino, cargado de historia y realismo, que encuentra su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Jesucristo, enseña san Pablo, es Dios y hombre verdadero. Todo es posible por Él. Nos llena de su vida. Él es, en suma, el salvador del universo. Como Palabra hecha carne, así señala el Prólogo de san Juan, nos lleva a sembrar utopías. La más trascendente, entre tantas, es el mandamiento del amor. Amar a Dios y al otro. Para nosotros, los imposibles están a la orden del día. Para Dios es lo contrario. En gran medida nos parecemos al escriba del Evangelio de Lucas que quiere que Jesús le muestre el camino de la salvación. Este personaje, con su cuestionamiento jurídico, busca más de una respuesta a sus interrogantes. La pedagogía de Jesús es aterrizada y novedosa. El modo de crear cuestionamientos para alcanzar soluciones concretas está en su lenguaje que tiene credibilidad con su testimonio de vida. La parábola del Samaritano es la que cambia el corazón y la mente. No hay diferencia entre el amor a Dios y el amor al hermano. Un hombre desconocido, también descomplicado, rompe con todo: tradiciones, intereses sociales y religiosos. El hombre que se encuentra en peligro de muerte lo necesita. El amor va más allá de todo. Es la síntesis del Dios verdadero que actúa para curarnos. El Dios que vive más allá del cielo puede ser el gran desconocido. La lección que aprende el escriba, también nosotros, la escuchamos en la voz de Jesús: el que practicó la misericordia con el herido es ejemplo que hay que imitar. “Anda y haz tú lo mismo”. El número de samaritanos que nuestro mundo necesita hoy es incontable. Su ausencia la sentimos. Los recursos materiales que inundan nuestro corazón son insuficientes ante la presencia de nuestro Dios que se nos entrega sin medida. Amor sin límites.