No me falta nada

Fernando Oñate

Soy un hombre bendecido, y esto no quiere decir en lo absoluto que no tenga mis propios problemas y menos que mi vida sea del todo perfecta. Pero se que, a pesar de los errores cometidos, a pesar de mi debilidad y de lo muy lejos que puedo estar de la perfección, Dios me ama, ha tenido misericordia de mi. Indudablemente, soy bendecido.

El rey David no era un hombre perfecto y aún así era un hombre bendecido y exitoso, ¿Cuál era su secreto?: le creía al Señor, confiaba en Él, y lo demostraba cuando declaraba con convicción “El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (Salmo 23).

David había sido pastor en su juventud y sabía de primera mano que el pastor cuida de sus ovejas, ellas lo siguen, en medio del abrazador calor del desierto, las conduce hacia el oasis en el que pueden descansar y recuperar sus fuerzas. Así actúa el Señor con sus ovejas, con los que le siguen. Jesucristo es el Buen Pastor. En los momentos de tribulación, el Señor nos conforta, nos muestra el mejor camino y nuestra confianza crece cuando atravesamos ese “valle de sombra de muerte” sabiendo que Jesucristo está junto a nosotros dándonos aliento. ¿Le gustaría tener paz en su corazón siempre, sin importar lo difícil que sea la situación que se vive?, pues “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4). Incluso los angustiadores de turno mirarán sorprendidos como el Señor da un trato preferente a los que en Él confían y lo mejor es que el bien y su misericordia nos acompañarán mientras estemos en la Tierra y como si fuera poco, la recompensa mayor se nos dará cuando estemos en su presencia.

La vida no es fácil, todos tenemos desafíos, anhelos, metas que cumplir. Hay dos maneras de afrontar nuestro día a día: Confiando en nuestras propias capacidades o confiando en las promesas del que Todo lo Puede. He sido bendecido pues opté por la segunda opción, tengo lo mejor, no lo tengo todo, pero no me falta nada.