Hay que decirlo en voz alta y públicamente

Rafael Riofrío

Los pueblos y comunidades del Ecuador y de América Latina comienzan a tomar más y más conciencia de la dolorosa dominación de los gobiernos de turno y el sometimiento a los organismos financieros internacionales. Toman conciencia también sobre el papel de los grandes medios para llenarnos de una comunicación vertical y unilateral reducida al consumo de propaganda, a la dependencia y a esa pasividad que impide deliberar acerca de los problemas que afectan a toda la nación, peor aún, de integrarse a un proyecto histórico de liberación.

Parece irrisorio, pero “la revolución de la comunicación” le ganó a la revolución social. Hasta hace no más de cinco años, la televisión y la radio eran imprescindibles en la información y propaganda comercial, cultural, deportiva y política, hoy no es así, las redes sociales están en pleno apogeo, por estos medios ha comenzado un flujo de publicidad de todo tipo que llega a más audiencia y en tiempo real. Hace cinco años, las redes sociales eran entretenimiento para la adolescencia y la juventud, pero no un medio de comunicación tradicional. Tampoco tenemos por qué desalentarnos, hay estadísticas serias que dicen que “la gente mayor a treinta años busca fuentes fidedignas como los diarios y la radio”.

De allí que, las organizaciones sindicales, los sectores populares y los políticos de izquierda deben cooperar con los periodistas alternativos para que se informe la verdad, verificándola previamente a través de otras fuentes. Porque ahora las personas acceden a la difusión de información, incluida la desinformación, incluso ellas mismas pueden crear contenidos, y la única arma competitiva de un periodista popular es que revise y verifique la información para sus oyentes o lectores.

El periodista soviético Vasili Grossman durante la segunda guerra mundial dijo, “que se necesitan periodistas para contrarrestar las mentiras nazis y para levantar la moral del pueblo”. Esa es la tarea que cumplen los programas UNE Televisión, Presencia de UNE; los periódicos El Educador, Opción y En Marcha. Inclusive eso no es suficiente, porque en Facebook, YouTube, Twitter, en la práctica no hay una posibilidad real de aclarar las mentiras y difamaciones oficiales, porque enseguida se dispone el bloqueo de las cuentas; ese trabajo corresponde a la prensa alternativa. La comunicación y los comunicadores populares no pueden estar desvinculados del conflicto histórico, puesto que precisamente lo popular hace de la lucha una bandera de resistencia contra la conculcación de derechos y en defensa de la vida y la soberanía.

Finalmente, reitero, “se necesitan periodistas” con olfato y con ética para que la oligarquía y la prensa amarilla dejen de mentir y tapar la corrupción. Esto debe ser dicho en voz alta y públicamente, para que la contracultura encarnada en la comunicación popular y en los movimientos y partidos de izquierda cambien la estructura social de nuestra sociedad para avanzar en la construcción de ese otro mundo posible.