El helado de chirimoya

Diego Lara León

Para poder proyectarnos al futuro es necesario entender el presente y conocer el pasado. Muchas veces caemos en el error de pensar que aquello que existe hoy, siempre ha estado ahí y nos olvidamos de valorar esas pequeñas o grandes cosas que hoy disfrutamos y que antes ni en sueños existían. Si perdemos la capacidad de asombro y olvidamos que alguien se esforzó mucho para darnos lo que hoy disfrutamos, corremos el riesgo de estancarnos y olvidarnos de innovar para las futuras generaciones.

En mis primeros años de estudiante universitario asistí a una inolvidable conferencia del gran historiador Juan Larrea Holguín, que por ese entonces era Arzobispo de Guayaquil.

En esa charla narró con impresionante elocuencia la visita que el Libertador Bolívar realizó a Cuenca desde 8 de septiembre al 4 de octubre de 1822. Los resultados de esa visita permitieron grandes logros para esta parte de América. Sin embargo, en este editorial quiero hacer énfasis del menú que sirvieron en el banquete principal que ofrecieron al Libertador Bolívar a su llegada a la Atenas del Ecuador.

Obviamente el menú del almuerzo tuvo lo mejor de lo mejor de la cocina cuencana y ecuatoriana: carnes de todo tipo, granos propios de la zona, jugos de las deliciosas frutas de temporada, vinos de la mejor calidad y helado de chirimoya.

Monseñor Larrea luego de darnos el menú y despertar nuestro apetito, nos preguntó ¿cuál consideramos que fue el plato más apreciado por Bolívar?

Casi todos nos inclinamos por los vinos, las carnes y demás potajes deliciosos. Ahí fue cuando recibí una lección. Preguntó nuestro expositor a todo el auditorio, ¿cómo creen que se podía hacer un helado de chirimoya en 1822, si en esa época no había congeladores?  Pues lo que sucedió fue que los organizadores encargaron a los hieleros del Chimborazo que lleven hielo de las entrañas del nevado, a 380 kilómetros al sur, es decir a Cuenca. 380 kilómetros hoy se recorren en 4 horas, en ese tiempo tomaba mas de día y medio en mula, luego se debía calcular el tiempo justo para preparar el helado y que, al momento de servirlo, mas o menos a las 14:30 de aquel domingo, esté en su punto. ¿Se imaginan esa logística y el esfuerzo para servir un helado de chirimoya a inicios del siglo 19? Según Juan Larrea Holguín, Bolívar valoró de manera suprema el detalle, fue sin duda el mejor plato del banquete.

¿Por qué nosotros, jóvenes estudiantes universitarios ni siquiera consideramos el helado como el mejor plato?, pues, porque asumimos que el helado siempre se ha hecho de la misma manera, es decir, asumimos sin darnos cuenta, que en ese momento de la historia había formas de hacer hielo y mantener el helado en su punto.

A eso me refiero cuando digo que hemos perdido la capacidad de asombrarnos de las cosas de la vida. Para innovar se requiere conocer y valorar todo aquello que hicieron quienes estuvieron antes que nosotros.

Algunos años después Bolívar vino a Loja y luego de esa visita decretó la peregrinación de virgen de El Cisne y la Feria, pero bueno, ese será tema de otro artículo.

Buen provecho!!!