“En la vejez todavía darán fruto”

Quilanga, 24 de julio 2022

El Papa Francisco, líder espiritual del catolicismo, al celebrar por segundo año consecutivo la Jornada mundial de los abuelos, el 24 de julio, ha propuesto como lema “En la vejez todavía darán fruto”. Sin duda, el contexto de esta jornada de reflexión en torno a los ancianos abuelos es la ocasión para valorar el esfuerzo humano y espiritual que miles de hombres y mujeres, muy a pesar, de los años que llevan siguen dando frutos de amor, paz, fortaleza y bondad.

Reconocimiento del Papa a esta pléyade de venerables cuya inspiración para celebrar su vida y sus frutos están en la figura de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús, quienes, según los relatos de la historia vieron crecer al Hijo de Dios, cuya misión en la tierra fue la de anunciar la Buena Nueva a la humanidad e inaugurar el Reino de Dios en la tierra, reino que se fundamenta en la paz y la justicia.

Paz y justicia es lo que necesitan los ancianos que, luego de haberlo dado en la vida por sus hijos, muchos de ellos viven la soledad y abandono de la familia y de la sociedad, sufren con dolor su enfermedad y el peso de los años recargados de trabajo obligan a un cuidado especial de la familia y el estado brindar protección particular para su dignidad e integridad no se vea afectada y en los años que camina por su ancianidad sean de calidad y seguridad.

El Santo Padre en su mensaje propone ofrecer a los ancianos un proyecto existencial: “ser artífices de la revolución de la ternura”, quien más que el pontífice, para configurar esta propuesta, pues, él mismo en su paso por el vaticano es la expresión de un Dios de bondad y misericordia, armas con las que se hace una verdadera revolución y transformación.

Nuestros abuelos y ancianos en su rostro cansado, vemos brillar una sonrisa que nos deja esperanza y ternura, una sonrisa franca, sincera y espontánea, una sonrisa de paz y de bendición, una sonrisa que se confunde con abrazos para los suyos y que, luego de haberlo entregado todo sigue contando su experiencia de vida y con su testimonio anima la vida de quienes vamos tras sus huellas.

Si revisamos la sagrada escritura nos encontramos que una larga vida es una bendición de Dios y prometida a los hijos “El que honra a su padre tendrá larga vida; el que respeta a su madre será premiado por el Señor” (Eclesiástico 3:6). De nuestros padres y abuelos ya ancianos no hay que tomar distancia, sino acercarnos para acompañarlos.

La cercanía a los ancianos, dice el mensaje papal es fomentar “las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la ayuda espiritual”.

 Aprendamos que la ancianidad no es un tiempo inútil, sino que es una oportunidad para seguir dando frutos y transformar desde la ternura y bondad.

Feliz día de los abuelos.