Lluvia de candidatos

Luis Pineda

Eduardo Galeano nos dice que “los nadie esperan que les llueva la buena suerte y eso nunca sucede”. Eso mismo nos acontece a los ecuatorianos: esperamos que nos llueva la buena suerte por medio de educación, salud, trabajo y democracia. Sin embargo, lo que nos llueve son los candidatos “elegidos” por los dueños de los partidos.

Es hora de que la ciudadanía elija sus propios candidatos, nacidos del pueblo y que conozcan la vida y la realidad de los vecinos.

Es hora de que la educación política sea la herramienta que nos ayude a seleccionar a partidos y candidatos que cumplan lo que ofrecen y no como ahora que candidatos y partidos ofrecen promesas que jamás cumplirán.

Para profundizar en el tema, les ofrecemos unas reflexiones del padre Pedro Pierre, en su artículo “Primarias: el vals de medianoche”.

“Ya aparecen las listas de los candidatos para las próximas elecciones seccionales de alcaldes y prefectos. Pero parece que se sigue la costumbre, por una parte, de conformar un grupo selecto y exclusivo para lanzar sus candidatos y por otra de reunirse en la sombra para elegir a nadie más que los amigos íntimos que tienen dinero y buscan beneficios personales. En Ecuador parece que nos limitamos a tener partidos que se dedican a ser una gran máquina electoral que busca tener votos y no gente consciente, organizada y participativa en las orientaciones decisivas de la conducción de un país. Criticamos a diestra y siniestra, protestamos, -pero no tanto-, y lanzamos calificativos hirientes que rebotan contra la pared de la ineficacia porque no son el resultado de nuestro análisis sistemático de la realidad con sus causas estructurales ni de nuestra participación en partidos que han hecho de la democracia real su bandera de lucha. Preferimos una vida y una sociedad de segunda o tercera categoría.

Las organizaciones sociales, los movimientos de mujeres, las federaciones de estudiantes, los comités barriales, los líderes populares, las agrupaciones barriales, la unión de los maestros, el conjunto de la academia, los grupos culturales, las entidades de género y cuantos más… tienen que tomar cartas en el asunto de las primarias para que no queden marginados y luego utilizados para dar su votos a candidatos que, una vez elegidos, se olvidarán de sus promesas encantadores, sus discursos ensordecedores y su vals de medianoche.

Los cristianos tenemos que llevar a la calle nuestra fe y nuestro compromiso para que la opción por los pobres que hizo Jesús y que hacemos nuestra por nuestro bautismo, no quede en el limbo de las buenas intenciones y de las oraciones huecas. En estos tiempos en que el papa Francisco ha emprendido una transformación estructural de la Iglesia católica mediante la sinodalidad, pongamos en práctica su equivalente en la sociedad ecuatoriana, eso es una democracia participativa que nos lleve a más fraternidad y equidad. El mismo papa lo desea ardientemente para todas y todos los bautizados: “Una Iglesia sinodal es como un emblema levantado entre las naciones. El redescubrimiento de la dignidad inviolable de los pueblos y de la función de servicio de la autoridad podrán ayudar a la sociedad civil a edificarse en la justicia y la fraternidad, generando un mundo más bello y más digno del hombre para las generaciones que vendrán después de nosotros.”