Alegato contra la indiferencia

Sandra Beatriz Ludeña

Nace este discurso con la intención de no sucumbir ante el huracán destructor del consumismo voraz y las distracciones que mantienen al ser humano hipnotizado, alejado de la realidad, indiferente.

La sociedad está hecha de personas que deseen luchar cada día por ser mejores, por crecer y aprender a dar valor al mundo en el que vivimos.  A pesar que las masas de gente sean fácilmente arrastradas por ese huracán aparentemente invencible del consumismo, donde nada importa más que la primera persona del singular, es decir “yo”, creo oportuno resaltar que hay razón de hacer este alegato y, proponer que venciendo la indiferencia transitemos al “nosotros”.

Caras y caretas desfilan en el cotidiano vivir, mas, es imperante sacarnos esta indiferencia, sanar esas heridas e intentar ser mejores seres humanos.  Razones surgen a cada instante, ejemplos hay de sobra en acciones por vivir de forma más solidaria.

Tengamos la edad que tengamos, es posible empezar, unirse a personas que luchan por hacer de este mundo un lugar para vivir mejor.   Reconfigurar nuestro rol en la sociedad, ser crítico, observar con atención e intentar hacer cambios, buscando acabar con esa proyección social fantasmal de “A mí que me importa”.   

Es imperante dar mayor valor al ser humano, este deseo ya no se ancla solamente en acabar con la depredación del hombre por el hombre.  Ese deseo brutal de dominación tiene que mutar en impulso solidario, solo así encontraremos salida a los laberintos que imponen las nuevas sociedades del mundo digitalizado, cómodo, frío y lejano.

La lucha por los derechos empieza con pensar en los demás, no solo porque así lo digan los maestros, los padres y otros, sino porque la tensión entre los discursos sociales y lo que está sucediendo, deja ver la amenaza constante contra el paradigma de derechos y ejercicio de los mismos.

Este alegato propone una etnografía de la escucha, que permita oír las voces de actores sociales, culturales, profesionales de diversas ramas, que aportan con sus pensamientos, sus rebeldías, analizan, proponen cambios, disputas hasta con la ley  y la interpelación jurídica, sobre aprender a sentir por el otro y revertir situaciones de indiferencia, injusticia, sojuzgamiento.

Intentar ser más nosotros atenta contra los registros de normalización de la indiferencia, primero porque con esta se mata sin violar la ley; segundo, porque los mecanismos de la justicia ceden cada vez más a sus mieles, “ojos que no ven, corazón que no siente la realidad”, desde la compulsión virtual atrincherada en ese “individualismo”, donde es tan fácil olvidarse del sentir del otro.  Ser solidario es un camino ineludible cuyo vínculo compasivo puede salvarnos.