La causa de los pobres, la causa de Dios

Luis Pineda

La conflictividad que vivimos los ecuatorianos en general y quienes nos confesamos cristianos en articular, nos obliga a recorrer la historia para reflexionar sobre los diferentes momentos históricos que hemos vivido y cómo hemos respondido a los problemas de la humanidad.

Nos apoyamos en la “Introducción” de José I. González Faus, publicado en el N° 194 en “Cuadernos Cristianismo y Justicia”:

“Los textos necesitan un contexto para ser bien entendidos. Una misma palabra puede cambiar de significados, o suscitar resonancias muy distintas aun manteniendo su mismo significado literal. Ello hace imprescindible un mínimo marco histórico que los encuadre.

Padres de la Iglesia La humanidad casi no ha creado riqueza hasta la aparición de la era industrial. Antes la mayor o menor riqueza dependía sólo de los climas y de lo que diera la tierra. En esas condiciones el problema principal era repartir lo que había, mientras que más tarde será repartir bien lo que se produce. Cuando en este contexto, los Padres de la Iglesia dicen que, al dar limosna, no haces un acto de caridad sino de justicia y que no das de lo tuyo sino que devuelves al otro lo suyo, están mirando la limosna como un medio para el reparto equitativo de los bienes de la tierra.

Es un contexto muy distinto del que se dará cuando reaparezca la esclavitud en el siglo XVIII para favorecer el capitalismo naciente (y sólo porque, como dicen Voltaire y Montesquieu: «si no hubiera esclavos el cacao sería mucho más caro») y las iglesias son casi totalmente ciegas a esa monstruosidad.

Edad Media La sociedad feudal de la Edad Media, es una sociedad de grandes latifundios que van unidos al honor y al respeto: el propietario es el «señor» y el agricultor el siervo. En ese contexto, la Iglesia ya no es minoritaria como antes sino que prácticamente se ha identificado con la sociedad. También se desenmascara la ilusoria «pobreza de espíritu» (tener muchas tierras, quizás infecundas, pero el corazón «desprendido» de ellas). Ese desenmascaramiento ha servido para toda la iglesia posterior (santa Teresa aún lo utilizará), aunque nosotros lo hayamos olvidado.

Siglo XIX Ello hace que cuando estalle la revolución industrial, y el problema no sea ya sólo repartir lo que hay, sino repartir bien lo que se produce, la Iglesia esté prácticamente callada, debido también al choque con la Modernidad naciente que rechaza o persigue a la Iglesia y desvía la atención de ésta hacia la autodefensa. El tema de los pobres queda en manos de Marx. En su lugar aparece un buen número de mujeres que se dedica a fundar órdenes para la enseñanza de los pobres.

Siglos XX-XXI Pero aquellos profetas escasos (junto al ejemplo de algunos teólogos protestantes), van produciendo un renacer del tema de los pobres en el siglo XX. Que culminará con el Vaticano II, la asamblea episcopal de Medellín y la teología de la liberación. Las enseñanzas sociales de la Iglesia nacen con retraso pero, muy lentamente, van abriéndose y enriqueciéndose, hasta constituir hoy una seria interpelación al neoliberalismo anticristiano dominante.”