Cambiar: Reflexiones pre-electorales

Numa P. Maldonado A.

¿A la hora actual, y en la mayor parte de países, se vive realmente una democracia que satisfaga a la mayoría? ¿Una democracia como la entendía Abraham Lincoln, representada en un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo? ¿Qué trate de corregir los grandes y graves errores que la mayoría de “políticos” actuales, siguiendo una especia de consigna siniestra, la desprestigian y se desprestigian ellos mismos?. Lo cierto es que, a nivel mundial, en la cuarta etapa de la Era Postindustrial, vivimos un remedo de democracia que alimenta aceleradamente la inequidad humana al servicio de los intereses puramente materialistas de un pequeño grupo de personas egoístas e individualistas, enfermas de riqueza, lucro y poder, en perjuicio de una enorme mayoría que sobrevive en condiciones de pobreza injusticia y opresión.

Pero lo más grave es que este grupo minúsculo de poder, como estrategia para sostenerse indefinidamente, no sólo que ha logrado la creación de una ciudadanía dócil y sumisa, “industrial” y “posindustrial”, semi-robótica, sino también individualista e insensible al sufrimiento del otro, justo como el grupo amo opresor. Una ciudadanía a lo mejor benevolente pero poco compasiva, sin empatía, cruelmente indiferente… Esta es, en pocas palabras, la gran tragedia de nuestro tiempo. ¿Será posible cambiarla?

Yo creo que sí, pero no es nada fácil. Porque el individualismo excluyente que deshumaniza y rompe los nexos con nuestros parientes y amigos, y vecinos, el resto de compatriotas y toda la humanidad, se ha fortalecido durante más de 300 años, impulsado por el colonialismo, la sociedad de clases y el desarrollo y desarrollismo capitalista y sus variantes: neoliberalismo, populismos de izquierda y derecha… A través de una educación hábilmente estructurada y sutilmente impuesta, parte importante de la actual “civilización occidental” que nos domina y forma parte también de nuestra “cultura” y sus valores.

La esperanza es que podamos reflexionar con algo de madurez, preguntarnos si este modo de vida nos conduce a algo bueno y deseable, o nos amenaza con destruirnos a todos.

Y si la estructura de “esta civilización” nos está conduciendo al abismo, a través del cambio climático y el asomo de pandemias y otras catástrofes telúricas, sanitarias y hasta morales (narcotráfico, violencia), entonces algo, urgentemente, debemos hacer: cambiar de conducta, de cultura, de valores. Y, por cierto, de dirigentes y líderes. Anteponer a la cultura actual una contra cultura, por cierto y en enhorabuena, imperceptiblemente, ya está en marcha. Por ejemplo: el ecologismo biocéntrico e integral, la creación y desarrollo de un nuevo ruralismo, el fortalecimiento de la agricultura ecológica, el anticonsumismo, a partir de la tres r (reducir, reciclar y reutilizar), el boicot a las multinacionales, el Sumak Kawsay o conjunto de saberes ancestrales andinos…

En este período pre-electoral de alrededor de seis meses, si tenemos la sensatez y valentía de pensar como electores maduros y responsables, elijamos autoridades locales honradas que inicien ese cambio que tanto necesitamos, implementando acciones contra-corriente que preserven la biósfera, luchen por la equidad y nos hagan soñar con un mejor futuro para nuestros descendientes.