Un banquete y una enseñanza

P. Milko René Torres Ordóñez

Los autores que escribieron la Biblia son personas con un carisma muy singular que lo recibieron del Señor. Gracias a la vocación cristiana nosotros participamos de este don. Somos llamados y enviados a anunciar la Palabra de Dios en medio del mundo, cada uno a su manera. Por este motivo, el kerigma es la suma de elementos que atraen, cuestionan, motivan, el encuentro con un mensaje que nos seduce hasta el punto de entregar la vida.

El Evangelio de Jesús cambia nuestro modo de actuar en una dimensión oblativa, total, plena. La inmersión en el contenido de su enseñanza, en ocasiones, es sencilla y paradójicamente compleja. Es el caso del relato de San Lucas (14, 2-14). ¿Por qué? En una de las habituales jornadas misioneras de Jesús sucede este hecho: uno de los fariseos importantes invita a Jesús a un banquete. Él acepta. En el lugar del evento acontecen algunas situaciones desconcertantes a primera vista. Le presentan a un enfermo de hidropesía. Las miradas de los presentes, fariseos en su mayoría, viven un momento de tensión provocada. ¿Cómo actuará Jesús en pleno día sábado? ¿Lo curará, o, quizá, permitirá que continúe en su calamitoso estado de salud? En la cristología del autor sagrado la dignidad del hombre es lo primordial. Jesús ama y sana el alma y el cuerpo. Podríamos pensar que el drama llegó a su punto culminante. No. Jesús va más allá. Actúa desde su el lenguaje de su corazón que humaniza la sutil condición de la conciencia del hombre que no actúa con transparencia. Todos los invitados al banquete van a ocupar los primeros puestos. El Maestro da un consejo, una enseñanza, que se convertirá en una obertura magnífica acerca de la humildad que cimentará una actitud cuerda, sensata. Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de mayor categoría que tú; y vendrá el que los convidó a ti y al otro y te dirá: cédele el puesto a este.La enseñanza termina con una sentencia lapidaria: todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Es una actitud consecuente ante Dios y el prójimo. En una segunda intervención, propia de Jesús, escuchamos una crítica fuerte en contra de las estructuras sociales y religiosas de aquel tiempo. De hoy, indudablemente. Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, porque corresponderán pagándote y quedarás pagado. Invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos. Dichoso tú que no puedan pagarte, te pagarán cuando resuciten los justos. Completando este texto con la cristología de Juan (5, 29) entendemos su pedagogía: los que obraron bien obtendrán una resurrección de vida, los que obraron mal, una resurrección de juicio. El Verbo que habla ilumina la oscuridad del pensamiento del ser humano que piensa en sí mismo, no en su identidad, tampoco en la de sus hermanos. Es Cristo que pide un lugar en el corazón renovado de cada persona.