Debemos elegir autoridades o votar por aquellos candidatos que nos aseguren buenas e inteligentes decisiones

Edwin Villavicencio Aguirre

Es muy común en el medio Latinoamericano que los electores se inclinen en sus preferencias a quien les ofrece “Pan y Circo”, promoviendo un sistema del “quien da más”, a manera de un gobierno que para mantener tranquilos a sus potenciales votantes u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas, muchos de los cuales son legalmente inaplicables y/o fuera de sus posibles facultades o competencias.

Muy pocos votantes, obviamente interesados y en estado racional, se preguntan, reflexionan o analizan fuera de su estado emocional o en integralidad con este, establecen un marco mental acerca de las diferentes opciones en una elección. Evidentemente las limitaciones y vicios que presenta nuestro sistema de partidos y sistema electoral nos dan como resultado pocas opciones positivas sobre qué elegir; y, muy pocos se ajustan a nuestras referencias directas, abriendo una ventana de oportunidad para que los populistas ingresen por medio de las emociones y casi nulo criterio racional a sus preferencias.

Ofrecimientos como: ¡Te construiré una cancha cuando sea Alcalde/Autoridad! ¡Haré Universidades Municipales! ¡Seré la autoridad del emprendimiento! ¡Legalizaré a los taxistas informales! ¡Los perros callejeros serán dispuestos para ser la comida de Sabú, el león!, ¡Agua potable o jirafas! etc., que en muchos de los casos llegan a establecer tragicomedias sin sustento cuyo trasfondo es el desconocimiento pleno de las necesidades de sus ciudadanos; y, por ende, carecen de ideas o decisiones políticas que deban tomar donde las “papas queman” verdaderamente, es decir ejerciendo el poder.

Existen varias cualidades que debe tener una autoridad de Elección Popular, una de las cuales y es un factor clave del éxito para mantener una institucionalidad fuerte, una adecuada gobernanza, una gobernabilidad latente, principios que le permitan ser incorruptible y eficiente, es evidente estar preparado para ejercer el poder de cosa pública y que genere valor público en todas sus acciones y decisiones, acorde al tiempo espacio que ejerza el poder. Por ello no hay una receta única ni iluminados que sin siquiera haberse esforzado por identificar y diagnosticar las penosas realidades que nos aquejan, tengan en la mano una receta y sean autores únicos de la verdad.

Un voto consiente, informado, racional y sobretodo en compromiso como parte de una sociedad, donde nuestras elecciones afectan o benefician a todos en conjunto, no puede ser tomado a la ligera y meramente emocional (cuya variable es la principal de la comunicación y marketing político).

Seamos responsables y depositemos nuestra confianza en una persona que pueda garantizar buenos resultados, para ello, que este en las condiciones y la capacidad de tomar decisiones buenas e inteligentes. Es el momento de inaugurar otra época política electoral y alejarnos de lo tradicional, cuya herencia y resultado ha sido una constante decepción tras otra.