Una nueva convocatoria del Papa Francisco ¿será escuchada?

Luis Pineda

Los conflictos que vive la humanidad, aunque son muy críticos, sin embargo, en esas realidades aparecen experiencias y propuestas que nos animan a seguir pensando, trabajando y soñando en que es posible un mundo nuevo, donde todos lleguemos a vivir como hermanos y como amigos.

Con ocasión del primer encuentro de la Economía con jóvenes economistas, empresarios y empresarias reunidos en Asís, el Papa Francisco, propuso a los jóvenes y al mundo:

“He esperado más de tres años este momento, desde cuando el primero de mayo de 2019, es escribí la carta con la que los he llamado y que después los ha traído aquí a Asís. Y cuando un joven ve en otro joven su propia llamada, y luego esta experiencia se repite con cientos, miles de otros jóvenes, entonces se hacen posibles grandes cosas incluso esperar cambiar un sistema enorme y complejo como la economía mundial.

Ustedes están llamados a convertirse en artesanos y constructores de la casa común, una casa común que está «cayendo en la ruina». Una nueva economía, inspirada en Francisco de Asís, hoy puede y debe ser una economía amiga de la tierra y una economía de paz.

La situación es tal que no podemos sólo esperar a la próxima cumbre internacional: la tierra arde hoy, y es hoy cuando debemos cambiar, en todos los niveles.

Aprendamos de la mansedumbre de las plantas: su humildad y su silencio pueden ofrecernos un estilo diferente que necesitamos urgentemente. Porque, si hablamos de transición ecológica, pero nos quedamos en el paradigma económico del siglo XX, que depredó los recursos naturales y la tierra, las maniobras que adoptaremos serán siempre insuficientes.

Nosotros, los humanos, en los dos últimos siglos, hemos crecido a costa de la tierra. A menudo la hemos saqueado para aumentar nuestro bienestar, y ni siquiera el bienestar de todos. Es éste el tiempo de un nuevo coraje para abandonar las fuentes de energía fósiles, para acelerar el desarrollo de fuentes de impacto cero o positivo.

No todas las soluciones medioambientales tienen los mismos efectos sobre los más pobres y, por lo tanto, hay que preferir aquellas que reducen la miseria y las desigualdades. Mientras intentamos salvar el planeta, no podemos descuidar al hombre y a la mujer que sufren. La contaminación que mata no es sólo el del dióxido de carbono, la desigualdad también contamina mortalmente a nuestro planeta.

Nuestro capitalismo, en cambio, quiere ayudar a los pobres, pero no los estima, no entiende la paradójica bienaventuranza: ‘bienaventurados los pobres’. Nosotros no debemos amar la miseria, es más, hay que combatirla, ante todo creando trabajo, trabajo digno. Pero el Evangelio nos dice que sin estimar a los pobres no se combate ninguna miseria. Y, en cambio, es de aquí desde donde debemos partir, también ustedes empresarios y economistas: habitando estas paradojas evangélicas de Francisco.

Pero para tener los ojos de los pobres y de las víctimas hay que conocerlos, hay que ser sus amigos. Y, créanme, si se hacen amigos de los pobres, si comparten su vida, también compartirán algo del Reino de Dios, porque Jesús dijo que de ellos es el Reino de los cielos, y por esto son bienaventurados.  Y lo repito: que sus elecciones cotidianas no produzcan descartes”.