Espíritu de cuerpo que averguenza

Por: Ruy Fernando Hidalgo Montaño

Los hechos que vienen sucediendo desde hace varios años en nuestro país, han llenado de vergüenza a instituciones que se suponía, merecían todo crédito y confianza, pero que paulatinamente nos han defraudado grandemente. Y ahora sentimos una sensación horrible de orfandad inexplicable, sentimos que, la patria se cae a un abismo infinito, lo peor de todo es que hasta el borde de ese abismo y a la caída en picada, lo han empujado sus propios hijos.

La gota que derramó el vaso, fue el terrible asesinato de la abogada María Belén Bernal, que se produjo en la propia escuela de policía, pero lo más reprochable es que lo hizo con la complicidad de una gran cantidad de miembros de la policía, que se hicieron de la vista gorda frente a los desesperados gritos de la víctima pidiendo auxilio, ante la cobarde agresión del teniente Cáceres, que finalmente le costó la vida. Mostrando un avergonzante espíritu de cuerpo, que esta vez sirvió para encubrir un femicidio, que ha conmocionado al Ecuador entero, mostrando la podredumbre de la escuela de policía.

No es la primera vez que la institución uniformada se ve inmiscuida en este tipo de acontecimientos, ya lo ha hecho en el pasado, tal parece que estuvieran convencidos que por llevar uniforme pueden hacer lo que les dé la gana y que gozan de inmunidad, lo lamentable, es que hasta este momento eso han hecho, o les han dejado hacer, las autoridades encargadas de vigilar su proceder. Por eso se han visto involucrados, en una muy larga lista de sucesos fuera de la ley, cuyos casos más expuestos a la opinión pública, han sido, la desaparición de los hermanos Restrepo, el caso Fibeca, el caso de desaparición del joven David Romo en 2013, los más bullados porque sus familias se preocuparon de que no queden en el olvido. Es oportuno preguntarnos ¿Qué pasaría con quienes están solos y por cualquier motivo caen en manos de la policía? La sociedad ecuatoriana experimenta la mayor descomposición de su historia, eso no se pone en duda, como lo dijo un ex presidente, “Por donde se aplaste sale pus”.

Necesitamos urgente empezar a partir de las nuevas generaciones, que ahora son niños, intentar ponerles un nuevo chip en sus mentes, buscando un cambio cultural, de actitud, poniendo como meta, la honestidad, enseñarles que el espíritu de cuerpo, debe servir para nobles y justos ideales, no para convertirse en alcahuetes de pillerías, de nadie por muy superior en rango, y jerarquía que sea.

Todas las entidades públicas, mucho más las de primera línea, requieren una depuración de cabo a rabo, de jefe a conserje, pero objetiva, sin compromisos ni influencia de nada ni nadie, peor aún, mostrando un absurdo espíritu de cuerpo, como el ahora mostrado por la institución policial que provoca náuseas y asco.