El baúl de los recuerdos: Una mujer bella y virtuosa

Efraín Borrero E.

El presidente José María Velasco Ibarra visitó la ciudad de Loja con ocasión de la festividad cívica del 18 de noviembre de 1971. Diecisiete meses atrás había asumido la plenitud de poderes desconociendo la Constitución que estaba vigente.

Pienso que algunos acompañantes de la comitiva y periodistas vinieron por Cooperativa de Transportes Loja, que acababa de realizar su primer viaje en la ruta hacia Quito, en un tiempo aproximado de veinte y dos horas.

Pocos días antes, el cuatro de noviembre, recibió en el aeropuerto Simón Bolívar de la ciudad de Guayaquil, hoy llamado José Joaquín de Olmedo, a su invitado especial el máximo dirigente de la revolución y del Gobierno cubanos, Fidel Castro Ruz. Lo hizo sin importarle las voces del norte ni ninguna otra. Esa era su personalidad.

En ese mismo año, el 3 de mayo de 1971, firmó el decreto de creación de la Universidad Técnica Particular de Loja, hoy situada entre las diez primeras del Ecuador.

En aquel día 18 de noviembre se levantó una tribuna de honor para presenciar el desfile cívico y militar. Además de los integrantes de la comitiva presidencial estuvieron las autoridades locales: Javier Valdivieso Carrión, Gobernador; Rubén Ortega Jaramillo, Alcalde; y, Clotario Espinosa Sigcho, Prefecto. Junto a ellos la bella Paulina Arias Burneo, Reina del Colegio Bernardo Valdivieso.

Cuando Velasco Ibarra llegó a la tribuna, Paulina, que ocupaba una silla junto al ingreso, se levantó para saludar al presidente con su aterciopelado donaire y luciendo sus luminosos y candorosos ojos verde oliva. El septuagenario Mandatario impactado con el encanto de esa chiquilla besó su mano extendida y le dijo: “Rindo culto a la belleza de la mujer lojana”.

En el siguiente año, cuando Paulina apenas frisaba los catorce años de edad, fue elegida Reina de Loja en un evento lleno de glamour y en el que participaron otras lindas jóvenes. Se decía que para posibilitar su participación como candidata hubo necesidad de reformar el reglamento que regía para el evento, por parte del Comité Reina de Loja.

Paulina trabajó intensamente por la ciudad que la vio nacer. Lo hacía con el entusiasmo y pasión propios de los lojanos que aman entrañablemente a su tierra. Motivó iniciativas y fue parte de algunas gestiones para la construcción de obras de desarrollo social.

Los niños de escasos recursos económicos fueron su prioridad. Junto con otras reinas creó la Fundación Reina de Loja que durante muchos años les ofreció desayunos escolares, además de agasajarlos en navidad, siempre con la sonrisa sin par que daba más encanto a su hermosura. 

Años más tarde contrajo matrimonio con Julio Vivanco Riofrío, en cuyo hogar procrearon dos hijos: Julio y Luis Eduardo. Casi inmediatamente decidieron radicarse en la ciudad de Quito, integrándose luego a la Asociación de Lojanos para participar activamente en sus actividades culturales y de confraternidad.

Esa Asociación surgió inicialmente como el Centro Juvenil Lojano, en 1945; luego, en la presidencia de Rafael Armijos Valdivieso, se convirtió en la Asociación Lojana 18 de Noviembre, que goza de gran prestigio en la capital de la República.

Cuenta Manuel Vivanco Riofrío que el Coronel Armijos, empeñado en la construcción de la Casa de Loja en Quito, que se había iniciado en el Pasaje María Eufrasia y Mosquera Narváez, invitó a medio mundo al sitio para brindarles tamales y café, a fin de comprometer su apoyo ante la falta de recursos económicos para continuar la edificación. De pronto asomaron muchas botellas de whiskey, las que fueron consumidas en su totalidad por los hombres hasta quedar noqueados. En esas circunstancias el Coronel Armijos llamó a un grupo de jóvenes, entre los que estaba Manuel, y les pidió que compren una cadena y candado para cerrar el portón, y un fajo de letras de cambio.

El Coronel solicitó la colaboración de los presentes haciéndoles saber que, para facilitar las cosas, simplemente deben suscribir una letra de cambio. La euforia de los entonados lojanos se manifestó con aplausos. De inmediato los muchachos comenzaron la tarea de suscripción de los documentos. Con los tragos adentro la generosidad era alucinante, los firmaban por 5, 10 y hasta 20 mil sucres. El Coronel casi en lágrimas dijo: “hemos logrado el aporte global de 220 mil sucres y la casa se terminará de construir en 6 meses.

Pero vino la desilusión y el gran trabajo de ir de casa en casa con la Reina incluida, a fin solicitar a los firmantes hagan efectivas las letras de cambio. Algunos dijeron no recordar tal compromiso y otros juraban que esa firma no era la de ellos. Total, sólo se recaudó cuarenta mil sucres o menos. Al final, Rafael Armijos, Arsenio Vivanco Neira, Carlos Vergara Jaramillo y un señor Muñoz completaron la cifra.

Luego de algunos años, Julio Vivanco asumió la presidencia de la Asociación y Paulina la Dirección del Centro de Difusión Cultural, Cedic, que fue el gran legado de Edgar Garrido Jaramillo, hombre extraordinario que quiso tanto a Loja y luchó por sus más caros intereses.

Paulina, en su calidad de Directora Ejecutiva organizó nueve bienales del cuento “Pablo Palacio”, cuatro festivales de la canción lojana, seis festivales Loja canta a Quito, la serenata internacional a la Virgen de El Cisne en la Catedral de Loja, y el Festival Loja la Nueva Generación, entre otros eventos culturales.

Ingresó a trabajar en Petroproducción distinguiéndose por su capacidad y resultados de excelencia. Fue la primera mujer miembro de un comité de empresa. En esa condición asistió a la Conferencia Mundial de Mujeres Sindicalistas en Bruselas, donde habló en el parlamento europeo.

Paulina Arias Burneo con reciedumbre y carácter batalló para vencer una enfermedad letal que la acosó por algunos años, pero su empeño cayó derrotado el 1 de abril de 2018, día de su fallecimiento. 

En la misa de cuerpo presente ninguno de los que participamos lucimos de negro, porque así lo deseó Paulina, a tono con lo que era su maravilloso ser. Igualmente, la música que colmó el recinto religioso fue alegre. Yo no pude eximirme del profundo dolor que me causó la partida de tan entrañable amiga, con la que compartí momentos de ilusión por el progreso y desarrollo de nuestro querido jirón de la patria.

Por propia voluntad su cuerpo fue cremado y las cenizas trasladadas hasta esta ciudad de Loja, la tierra de sus amores a la que representó con el esplendor de su belleza y las excelsas cualidades y virtudes que la adornaban. Esa Loja a la que el Benjamín Ortega cantó: “Como una tierna madre con su piel arrugada, donde empieza la patria, altiva y olvidada, la provincia lojana, en las mismas fronteras, se duerme y se despierta, siempre entre cordilleras…”

Poco tiempo después, Julio Vivanco Riofrío, destrozado por la muerte de su adorada esposa falleció repentinamente el 7 de julio de 2020. Igualmente, sus cenizas reposan en un camposanto de esta ciudad de Loja, junto a ella.

La referencia de estos grandes e inolvidables amigos me lleva a evocar al ilustre Jorge Hugo Rengel, quien escribió: “Cuando medito en Loja, en su historia, en su actualidad, en su porvenir, concluyo lleno de esperanza, que el valor más significativo que posee esta parcela de la Patria, es su gente, el hombre que la habita”.