Cosas que apena que desaparezcan

Por: Ruy Fernando Hidalgo Montaño

Hay cosas que da mucha pena que de a poco vayan desapareciendo en el convivir de los pueblos, como las tradiciones arraigadas desde antaño en el alma popular, una de ellas es la de fin de año, en la que se manifestaba toda la alegría por culminar 365 días y empezar una nueva vuelta bajo el sol. En un recorrido que hice por la ciudad, faltando pocas horas para culminar el 2022, pude darme cuenta de un panorama muy distinto al que Loja presentaba en fines de años anteriores, para entristecer más el panorama, una fuerte lluvia caía en la urbe, durante la vuelta que nos dimos era notoria la ausencia de gente en las calles; me acuerdo de ocasiones pasadas, la mayoría de la ciudad se pintaba de colorido, en todos los barrios había fiesta y esta se contagiaba hasta los domicilios particulares. Se exhibían monigotes hechos con periódicos y aserrín que desde días anteriores se recogía en familia o entre vecinos con total entusiasmo y fraternidad.

Y qué decir de los tradicionales concursos de años viejos, que alegraban el ambiente citadino, y propiciaba la amistad entre los habitantes de la barriada. Todo esto, lamentablemente, se está perdiendo entre las nuevas generaciones, que parecen estarse volviendo cada vez más autómata y superficial; claro que ninguna circunstancia se puede generalizar, pero son un considerable número de jóvenes a los que poco nada les interesa conservar las tradiciones nacionales, porque están por completo entregados, en unos casos, a sus dispositivos tecnológicos; y en otros, seducidos por lo que viene de afuera, esto se refleja hasta en su forma de hablar, cuando se expresan con jerga de otros países, que para ellos son mucho mejor que el nuestro.

Yo pude palpar de primera mano esta situación, cuando al final del 2022, mi barrio alegre y bullicioso, estoy hablando del Manuel Zambrano, innumerables veces ganador del concurso de años viejos, ahora se veía desierto, vacío y triste. Al borde de las lágrimas, con una inmensa nostalgia, me llené de recuerdos, me remonté a mi juventud cuando una jerga de jóvenes soñadores, entre los cuales me encontraba, junto a otros grandes amigos formamos el club Manuel Zambrano —abreviado luego con las iniciales de nuestro querido barrio MZ—. Motivando el talento de los moradores del sector de la cuadra comprendida de las calles Manuel Zambrano entre Brasil y Cuba muy cerca al Coliseo Ciudad de Loja, teníamos grupos de teatro, danza, equipos deportivos, pero nuestro fuerte siempre fueron los años viejos. Nuestras alegorías no solo eran estéticas, sino que por medio de ellas tratábamos de enviar mensajes positivos para el mejoramiento de la sociedad lojana, teníamos gran poder de convocatoria, ahora veo con mucha pena que esto se pierde en el olvido.

Las autoridades locales tienen mucho de responsabilidad en este asunto por la desidia a la preservación de la cultura popular, esperemos que los nuevos administradores de la ciudad lleguen con otra actitud y mentalidad en conservación de estos valores tan importantes en la memoria colectiva.