En estas elecciones afloró el racismo burgués

César Correa

elcesarbelt@yahoo.com

La victoria electoral de Franco Quezada vino acompañada de una ola de racismo manifestada en desconfianza hacia la nueva autoridad municipal, que se dice va a llevar a la ciudad a un desastre. Afloró con fuerza el viejo prejuicio patronal de que los de arriba son capaces y los de abajo no sirven para nada. 

Se trata de un prejuicio milenario que perdura hasta hoy, claro, alimentado por los que se dan de aristócratas, a pesar de que toda la historia ha demostrado su absoluta falta de fundamento.

Los de arriba, los que detentan la propiedad de los bienes de producción, llevan 10.000 años gobernando y no han resuelto ninguno de los problemas sociales, en ninguna parte, al contrario, son los responsables de las terribles lacras que se ven por todas partes.

La Sociología nos enseña que «solo el pueblo salva al pueblo», que de los potentados solo podemos esperar despojo, abuso, explotación, opresión, atropello a todas las normas morales y legales. La ciencia señala que, para erradicar la pobreza y la injusticia, lo procedente es que el proletariado tome el poder.

Cuando excepcionalmente personas de los de abajo han llegado a gobernar han ocurrido hechos memorablemente buenos. La más grande administradora de Argentina ha sido Eva de Perón, que le dio al movimiento sindical una fortaleza formidable, que la derecha no ha podido destruir. Evo Morales ha puesto en marcha un vigoroso programa que está sacando a Bolivia de su secular postración, sacándola de su tradicional papel de exportadora de materia prima, para convertirla en exportadora de productos industrializados. Lula da Silva está colocando a Brasil entre las más grandes y respetables potencias.

Si bien profundos conocimientos de economía, derecho, ingeniería son vitales para administrar, lo más importante es la voluntad política, que en este caso cuenta a favor de Quezada, que llega con la decisión de servir a los marginados, que tiene un compromiso con el pueblo como no lo han tenido alcaldes anteriores, por lo que veo que puede hacer una administración mejor.

Estoy seguro que Quezada administrará bien los recursos que el Municipio tiene disponibles, por supuesto, con la colaboración de buenos profesionales. El problema para Loja es el reducido presupuesto municipal, que no alcanza para cubrir ni la décima parte de lo que se necesita y cuando todavía quedan dos años de un gobierno enemigo acérrimo de la inversión pública, que no va a incrementar las rentas de los gobiernos seccionales en un solo centavo. Quezada tiene que decidir qué hacer y su equipo tiene que saber cómo hacerlo.