Efraín Borrero E.
Corría el año de 1957 cuando la selección lojana de básquetbol viajó a la ciudad de Riobamba, a fin de intervenir en el campeonato nacional de esa disciplina deportiva. Pichincha y Guayas eran los duros del certamen. Los Ríos y El Oro no se quedaban atrás.
Entre otros destacados jugadores, el equipo lojano estuvo integrado por Jorge Castro, Ángel “El Quillo” Encalada, Guido Carrión, Fernando “El Guapo” Ochoa, José Miguel Burneo y Leonardo Burneo Valdivieso, que era una gacela y eficiente encestador. El entrenador, Herminio García, se distinguió en el Club Deportivo Ferroviarios de Durán. La “Pata” Torres, deportista con gran trayectoria, asegura que ésa ha sido la mejor selección lojana de todos los tiempos.
El pundonor deportivo de nuestros jóvenes jugadores, así como el espíritu competitivo para poner en alto el nombre de Loja, fue la motivación de su participación que jamás se amilanó ante los grandes del básquetbol ecuatoriano.
La intervención del equipo lojano fue realmente lucida. En el encuentro para disputar el cuarto puesto ocurrió algo sensacional e inolvidable. Llegó el minuto final en circunstancias que el equipo contendor nos ganaba por un punto. Leonardo driblaba el balón en la mitad de la cancha franqueado por tenaces adversarios. Los segundos se apoderaban de la desesperación por el triunfo. Leonardo, que estaba de espalda hacia el aro rival elevó sus manos tomando el balón, y apuntando a ciegas lo lanzó con fuerza desde esa distancia introduciéndolo increíblemente en la canasta del equipo contrario.
Ganamos el partido por un punto con lo que aseguramos ese honroso cuarto puesto. Dirigentes, jugadores y aficionados lojanos presentes en el escenario deportivo se precipitaron eufóricos a la cancha para avivar el nombre de Loja y cargar en hombros a Leonardo, héroe de la jornada, quien había logrado una hazaña sin precedentes y jamás repetida en la historia del basquetbol ecuatoriano.
Fabián Burneo, quien conserva un recorte de prensa alusivo a ese suceso deportivo, me comentó en detalle lo acontecido, algo que emociona escuchar porque da razón de lo que somos capaces cuando pensamos en nuestra querida tierra lojana.
Además de ser una de las glorias del deporte lojano, Leonardo Burneo Valdivieso, nacido el veinte y nueve de julio de 1935, fue un connotado poeta. Con sus poemarios: Vértice imaginario; Inova; Natasha; Triángulo imperfecto; Yo, Leonardo; El Libro de los Elogios; Veritas; Sombras y recuerdos; La vereda; y, De Zamora, los versos, conquistó un sitial de honor entre los poetas contemporáneos de Loja.
Ese mundo de la literatura lo acercó a Carlos Julio Arosemena Monroy, luminoso y erudito político ecuatoriano constituido en “uno de los pensadores más originales que ha dado el país, con una personalidad tan fuerte, que siempre se dio el lujo de hacer y decir lo que le dio la gana”, como expresara Rodrigo Borja.
Con el transcurrir de los años, Leonardo y Carlos Julio estrecharon una cálida amistad. Él lo admiraba como poeta y disfrutaba de su agradable compañía. En cierto momento lo designó su delegado en Loja por el Partido Nacionalista Revolucionario que lideraba.
Leonardo era hincha de Carlos Julio. Sabía de él un sinnúmero de anécdotas, así como de sus implacables sentencias. En cierta ocasión me comentó que, tras el triunfo de Rodrigo Borja, en 1988, entrevistaron a Carlos Julio para consultar su opinión sobre la convocatoria a la gran concertación nacional que el presidente electo había hecho públicamente, a lo que respondió que le parecía bien y que le recordaba al santo peruano, San Martín de Porres, que en un plato hacía comer al perro, al gato y al ratón.
En la segunda mitad de su vida, Leonardo fue notario y presidente de la Corte Superior de Justicia de Zamora Chinchipe. Precisamente como notario público Segundo del cantón Loja dio fe de la escritura de constitución de la Compañía de Economía Mixta “Banco de Loja”, el veinte de octubre de 1967, en la que constan como socios fundadores: la Junta Central de Obras Filantrópicas de Loja, la Fundación Álvarez, la Asistencia Social de Loja y Zamora Chinchipe, Cafrilosa, Malca, Cosurca, Carlos Alberto Palacios Riofrío, Ángel Minos Cueva Ontaneda, Luis Vivanco Neira y Víctor Emilio Valdivieso Carrión.
Previamente, el destacado legislador lojano, Pío Oswaldo Cueva, presentó ante la Asamblea Nacional Constituyente el proyecto de ley de su iniciativa para que se autorizara la creación del Banco de Loja, atendiendo el pedido de las autoridades de Loja y de la Junta de Promotores, presidida por Vicente Burneo.
Aprobado el proyecto de ley por parte de la legislatura, el mismo Pío Oswaldo Cueva interpuso sus buenos oficios para que el entonces presidente interino, Otto Arosemena Gómez, pusiera el ejecútese favorable. Poco tiempo después la Superintendencia de Bancos aprobó el establecimiento del Banco de Loja, el cinco de febrero de 1968.
Hasta que llegó el día primero de julio de ese año en que las puertas del ansiado Banco de Loja se abrieran para servir a los lojanos, bajo la gerencia y optimismo del joven Oswaldo Burneo Valdivieso, quien había laborado en el Banco de Fomento. La sede del banco funcionó en la casa de Octavio Burbano ubicada en la calle José Antonio Eguiguren, entre Sucre y dieciocho de noviembre.
Posteriormente, en 1977, gracias a la enorme acogida ciudadana y a la brillante gestión de Oswaldo, se inauguró el edificio funcional de su casa matriz, situado en la esquina de las calles Rocafuerte y Bolívar, “y con ello se levantó también uno de los símbolos más claros de progreso y desarrollo de la ciudad y provincia de Loja”.
Oswaldo, con su carisma, afabilidad y don de gente hizo del Banco de Loja una casa abierta para los lojanos a fin de atender sus necesidades y promover el desarrollo productivo en diversos órdenes, como el de comercio, la industria, la agricultura, el turismo, el transporte y otras inversiones. La confianza que inspiraba propició el fácil acceso a esa entidad financiera y con ello su crecimiento vertiginoso.
Jaime Rodríguez Palacios escribió: “Pocos como él para comprender las urgentes necesidades de los obreros, los artesanos, los estudiantes y los profesionales de clase media. Dosificó el crédito de tal manera que éste no ahogara a los solicitantes e igualmente contribuyó al desarrollo y fortalecimiento de las más solventes empresas lojanas”.
No cabe duda que Oswaldo Burneo, a través de su edificante gestión propició el desarrollo y progreso de la provincia de Loja, y “nos demostró en lección de fe y optimismo que somos capaces de forjar nuestro propio destino”, como manifestara Rodríguez Palacios.
Cuando Oswaldo decidió retirarse de las funciones de gerente del Banco de Loja nos quedamos con el amigo colmado de sencillez; gentil y caballeroso en extremo, y generoso en su espíritu; pero, sobre todo, con el amigo sincero. Luego de un tiempo el Ilustre Municipio de Loja lo designó el Mejor Ciudadano.
Años más tarde tomó la posta gerencial del Banco de Loja, Leonardo Burneo Müller, cuya función ejerce meritoriamente hasta la actualidad. Dice que es “un fervoroso creyente de la innovación, la transformación y la agilidad, no sólo desde el discurso sino desde la acción”. Resalta que durante su carrera “ha tenido que enfrentar retos operacionales, de negocio, tecnológicos, culturales y políticos, alcanzando excelentes resultados financieros para Banco de Loja, pero sobre todo un verdadero impacto en el desarrollo socioeconómico de la comunidad y el continuo bienestar de los colaboradores”.
Como resultado de su mística de trabajo, visión y lucidas ejecutorias, el Banco de Loja se posicionó en el 2006 como el mejor de los bancos pequeños del país, y para el 2010 como el mejor de los bancos medianos, con una excelente calificación, lo que constituye un signo de solvencia y orgullo de los lojanos.
Leonardo Burneo Muller conserva en su ser los rasgos que caracterizaron a su padre, Leonardo Burneo Valdivieso, cuyo nombre está inmortalizado en una de las calles de la ciudad, por eso apoya entusiastamente las manifestaciones culturales, artísticas y deportivas de nuestra ciudad.
Leonardo, Oswaldo y Leonardo Jr., son tres nombres familiares dignos de destacar. La colectividad lojana les ha expresado de diversas maneras su grato reconocimiento y hondo sentimiento de afecto.
