David Santiago Maldonado Peralta
La disolución de la honorable Asamblea Nacional del Ecuador marcó un hito para toda la historia del país, algunos consideran como la muestra fehaciente de democracia, mientras otros, como una jugada política de Lasso. No obstante, estamos a escasos días de elegir a una Asamblea de transición, y es que muchos de los candidatos a esta institución no han comprendido este concepto y sus planes de trabajo cuentan con propuestas irrealizables, utópicas, alejadas del contexto nacional y local en el que estamos.
Sería un gran hito que al finalizar el periodo legislativo 2023–2025, los asambleístas puedan tener la dicha se que se ha llevado a cabo con éxito el periodo de transición de una Asamblea desprestigiada, en el marco del compromiso constante con la representación ciudadana y la renovación de liderazgos, con un proceso que marca un nuevo capítulo en la búsqueda de un gobierno más inclusivo y transparente.
Y es que los candidatos recorren la provincia ofreciendo nuevas leyes, nuevos reglamentos, reformas a los que ya existen y mostrándose como la salvación de un país corrompido, y claro está que sería viable aquello para un periodo completo, pues la inscripción de las propuestas legislativas en la agenda demanda de varios meses para que se observe la viabilidad técnica, objetiva, mesas de construcción ciudadana, informes para primer y segundo debate, adicional de las observaciones que se realicen por los 137 asambleístas, la ciudadanía, colectivos y por supuesto, el primer mandatario. Es decir, ¿están en conciencia plena los candidatos a la asamblea de este proceso? La ciudadanía cree que no, pues sus propuestas no están apegadas a la realidad a la que se van a encontrar.
En un análisis rápido, la posesión sería a finales de noviembre donde se debe considerar la elección de las nuevas autoridades y de las comisiones, lo cual puede demorar hasta mediados de diciembre, luego de acogerán al periodo de vacaciones y regresarán en enero de 2024. Al mismo tiempo, la primera magistratura presentará el Presupuesto General del Estado para que la Asamblea lo apruebe, en una estimación, hasta febrero. Sin embargo, se sumaría la voluntad política de que los 8 binomios en su plan de trabajo consideran consultas populares, referéndums y reformas a la Constitución, —inclusive para permitir la pena de muerte según un candidato—.
Además, se debe considerar si es que el primer mandatario tendrá o no mayoría en el Legislativo o será una asamblea opositora como sucedió entre 2021 y 2023.
He observado que los candidatos están a las afueras de las universidades, para captar el voto joven con estos engaños de proponer un sinfín de leyes y sus reformas, pero no son conscientes que por ese deseo a toda costa de llegar a ser un “padre o madre de la patria” —como diría un exasambleísta— se están autoengañando, y con la certeza conciudadanos, que estarán nuevamente en la papeleta para 2025.
¡Loja merece mejores candidatos!
