En esta columna de opinión en la que hablo de tantas cosas, criterios que a veces, tienen una posición transgresora o una capacidad opuesta a la lógica imperante, que trata de entender de acuerdo con los sentidos (por lo que se experimenta), o entender etimológicamente, por lo que significa, como un participio, es decir, pasado y participar, a la mayoría de sesos madurados en la razón, se les hacen callos. Es que hoy, la lógica imperante no acepta que es solo una forma de ver el mundo, cuando existen millones de formas de ver el mundo.
El envés de las circunstancias, es esa cara opuesta, esa cara inferior de la hoja, que tiene otras realidades que mostrar, envés, no menos válido.
El Ecuador vive un tiempo de violencia culmen, pero ¿dónde nace esta violencia? Creo que nace del ejercicio cotidiano de violencia, en los hogares: donde el hermano mayor agrede al menor, y este último se venga. Violencia practicada en las escuelas, donde el compañero intenta abusar del más tranquilo, y si no se deja, lo pega, lo acusa de cosas horribles, instiga el odio en los demás, y las trampas para destruirlo; así, se crean esos caldos de cultivo de violencia.
Entre compañeros de trabajo, por la competencia feroz, y allí sí hay violencia por parcelas extensas, pues, mueven los intereses económicos. En la política, donde la ambición del poder, ciega a los caracteres poco maduros, que ven su presente indicativo: “ganamos, porque ganamos”.
Por lo anotado, la violencia no ha venido de afuera, no es algo exógeno, es endógeno; por tanto, es desde allí que debe tratarse, la sociedad tiene que dominar su deseo de pasar por encima del prójimo, venciendo su ambición desmedida, aprender a ser menos caníbal, mutar hacia seres benévolos, que se inclinen hacia el bien.
Desde el hábito de ser bueno, desde ahí, en esa tierra, vamos viendo no solo lo que se entierra para que germine, también vamos viendo lo que brota. Y como se decía antes, este artículo periodístico, no es solamente opinión, también es debate, es dar la idea, encender los diálogos, con el pasado de fondo, pero, con compromiso hacia el futuro.
Es necesario salir del episodio del dolor, no quedarnos en el juzgamiento, porque allí, la sociedad corre el riesgo de quedarse atrapada en la venganza, hay que mirar hacia delante, hacia el envés de la violencia.
Sobrepasando las antiguas dicotomías, que en sociedades de pensamiento superior han quedado anuladas, ya no podemos ser predecibles, y decir, si no es blanco, es negro, si no es bueno, es malo. Si no es inocente, es culpable. Ahora, hay que erradicar la violencia de nuestra vida, si queremos un futuro de armonía. El envés de la violencia es ver la realidad de fondo, esa otra cara de la situación y enfocarnos en las soluciones.
