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“Toda memoria es subversiva, porque es diferente.” Eduardo Galeano.
A las diferentes crisis que vivimos los ecuatorianos se agrega la violencia criminal cuyo resultado ha significado el asesinato de decenas de personas, incluidos niños, a más de candidatos locales, el alcalde de Manta y un candidato a la presidencia.
Es la hora de que todos los ecuatorianos nos unamos para cambiar las actitudes de violencia y odio, especialmente en estos momentos de crímenes y miedo en la mayoría de los pobladores de nuestro querido país. Es la hora de recuperar la memoria histórica, para no olvidar el papel que han desempeñado los grupos que controlan la política y la economía de nuestro país. Es la hora de recuperar los sueños de nuestros antepasados, la herencia cultural que nos dejaron nuestros abuelos y abuelas.
Para profundizar en el tema, les ofrecemos algunos párrafos del artículo “Soñar con la armonía” del padre Pedro Pierre:
“Soñamos con la armonía: ¿Será verdad? ¿O seguimos soñando con el individualismo, la tranquilidad egoísta, el dinero fácil? Entones merecemos lo que nos está pasando. Existimos para un proyecto de vida y no de muerte. ¡Soñemos con la armonía!… Tengamos esa ‘locura’, poque es nuestra identidad profunda y nuestro destino común.
Lastimosamente no nos gusta el silencio, la meditación ni la contemplación. Preferimos actividades rentables, materialistas, individuales y egoísta y así apagamos el fuego que nos iluminaría para salir de nuestra mediocridad humana. Porque la primera armonía es con nosotros mismos, con la sabia de vida y de amor que nos recorre de cuerpo entero. Estamos hechos para conectarnos con lo más íntimo y vivo de nosotros mismos, esta potencialidad humana que nos hace vivir, afín de despertarla, cultivarla, multiplicarla para encontrar y vivir la felicidad, es decir la paz interior que nada ni nadie nos pueda quitar.
La segunda armonía es con los demás. Todos somos humanos, todos somos iguales, todos somos la misma sangre, todos somos la misma unidad de vida y de fraternidad. Sólo así, comunicándonos, conociéndonos, respetándonos, apoyándonos, compartiendo, amándonos, vamos a lograr la comunión que necesitamos para ayudarnos a vivir felices los unos con los otros, los unos por los otros.
La tercera armonía es con la naturaleza, porque sin ella o contra ella no podemos vivir ni sobrevivir. Ya nos damos cuenta de los desastres naturales a los que nos abocamos si no la respetamos ni la cuidamos. Verdaderamente es nuestra primera Madre, porque de ella venimos, de ella vivimos y hacia ella vamos.
La cuarta armonía es nuestra relación con Dios. Muchas veces buscamos a Dios dónde no está, cuando lo queremos encontrar sólo en el cielo inventado con miles y miles de detalles maravillosos e inexistentes, o sólo en el templo como si Dios se dejaba encerrar en 4 paredes de piedras o de cemento, o sólo en la oración cuando rezamos por nuestras necesidades inútiles y dañinas… en vez de contemplar a Dios en cada persona y en nosotros mismos, de reconocerlo en los llamados de la naturaleza y de los acontecimientos, en el grito de los pobres y la belleza de los niños”.
