Legado de Villavicencio: “Somos más de lo que pensamos”

Numa P. Maldonado A.

Tania Villavicencio, en la breve entrevista que otorgó a DNews de Argentina, al siguiente día del asesinato de su padre, delineó el gran legado de este extraordinario luchador contra la corrupción y el crimen organizado. A las preguntas de los reporteros respondió con serenidad y sin odios. Dijo: “Entiendo las emociones de todos (…), mi papi nos enseñó que todos tenían una voz y una postura, y lo mejor que podemos hacer es estar tranquilos. No saben el dolor que tengo en mi corazón, pero pienso en él y sé que quisiera que yo esté templada y que pueda sostener un canto de paz… Nosotros cantábamos juntos (a él siempre le gustó la música…) y lo que estoy haciendo aquí en la calle es intentar poner un poco de paz en medio de todo esto, y que este sea su legado”. Mi papá quería que el poder sea de todos, aunque no sabía cómo lo iba a hacer, pero ese es su legado: que la gente se empodere, que defienda su vida…; a veces pienso que mi papi puso sobre sus hombros todo el dolor e injusticia de un país, y lo hizo solo… Lamentablemente, a los que hacen esto y luchan, los matan…

A la interna, en tu hogar, ¿cómo lo recuerdas? “…Escuchando música, leyendo poesía. Yo le decía “mi bebé”, veía el niño que estaba siempre dentro de él, con toda su dulzura, toda su ternura… Pienso que no se mostraba así ante todos (…) Es que tengo que mostrarme fuerte y valiente …

¿Cuándo fue el último contacto con él? ¿Qué te dijo? Hace una semana que vine acá, a Quito (desde España) para verle (…) y le hicimos masajes de pie con mi hermana, tocarle, hacerle un masaje en los hombros, verle que estaba estresado… Le decíamos: papi ¿cómo te sientes? Bien, respondió. Nunca le había visto tan feliz. Mi hermana le dijo ¿cómo te sientes tú? ¿Qué te está enseñando esto? Y él se sentó en su silla, se le llenaron sus ojos de lágrimas y nos dijo: “Solo estoy aprendiendo que soy más de que lo que pensaba”. Con ese mensaje mi papi me deja con toda una enseñanza de vida… y a todos ustedes les comparto que todos somos mucho más fuertes y podemos más de lo que pensamos y si nos juntamos podemos cambiar el mundo… Así, entre todos”.

Fernando Villavicencio (1963-2023) nació en Alausí en el seno de un hogar rural, sencillo, trabajador y honorable, donde disfrutó de afecto y una niñez feliz, que proyectaron una personalidad con firmes valores plasmada en la irrenunciable y tenaz lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Su trabajo como periodista de investigación, durante más de 20 años, fue decisivo en la denuncia documentada de los grandes atracadores de la riqueza nacional, también contra la desvergonzada impunidad. La persecución política, el sufrimiento familiar, las noches de soledad y duda, las amenazas de muerte…, no lograron doblar su fortaleza moral y férrea fe en el logro de un nuevo país, con verdadera democracia y socialmente equitativo. Su osada valentía, que rayó en la temeridad, hicieron temblar a las fuerzas del mal que, al asesinarlo, como sus seguidores afirman, en vez de hacerlo desaparecer del escenario político nacional, lo erigió en un enorme líder-mártir imposible de vencer: deja sembrada una semilla fértil de nuevos hombres y mujeres generosos y valientes como él, sin miedo y sin odios, capaces de unirse y forjar un gran movimiento de “gente buena”, honrada, sensata y decidida, “capaz de hacer más de lo que cree”, y, armada de este extraordinario impulso de autoestima que le hizo derramar lágrimas a Villavicencio, traer paz y bienestar al pueblo ecuatoriano… y cambiar el mundo.