Lectura inmersa, tecnologías de pantalla y flexibilidad de pensamiento

Galo Guerrero-Jiménez

La manera de leer, hoy en día, depende del soporte en que leamos. No es lo mismo leer un texto impreso que leer en las tecnologías de pantalla. Y si a esta realidad se suma el comportamiento personal que cada lector tiene para adentrarse en un mundo de palabras que a veces le es totalmente desconocido porque, en muchos de los casos, al hablar de la lectura de estudio que los docentes y alumnos ejercen en la escolaridad y en la educación superior, parte siempre de una actividad obligada, en la que solo se lee para cumplir una tarea, pero no para  adentrarse en el conocimiento o en la información que el texto contiene para que, desde un hecho consciente, tanto lingüística como cognitivamente, y de conformidad con un propósito determinado, se pueda leer, con profundidad para saborear estética y mentalmente de la belleza sensual, sensible, incluso técnica, científica y/o humanística que un texto bien leído, sobre todo desde la lectura inmersa, despierta en cada lector  con la finura personal y los modos de pensar que se despiertan de manera paulatina, y en la medida en que con el poder de su concentración, avance, página tras página, hasta que, ese historial lector le dé forma a su experiencia en el mundo, dado que pudo captar la atención de ese espacio de palabras que fenomenológica y hermenéuticamente el ojo del lector las va receptando y, luego, el cerebro, procesando, como si, en efecto, se tratase de “un territorio real, como ‘país de las maravillas’, que las palabras, el diálogo entre el maestro y los alumnos iluminan. Un universo imaginario que se despierta en el fluir de esas páginas, en el contacto físico con ellas. Sabemos que nos esperan, que vuelven de nuevo a nuestras manos. Todo un ritual de la lectura que ha creado una forma singular de amistarnos con la vida” (Lledó, 2022).

Desde esta perspectiva, y porque una gran mayoría de lectores hoy lo hace desde las tecnologías de pantalla, de hecho, lo primero que hace, sea estudiante, investigador, profesional o lector común, es posesionarse de la lectura global, dado que, “los medios de pantalla nos han enseñado cómo procesar gran cantidad de información en poco tiempo y como orientarnos en el entorno a que esta información se refiere” (Kovac, 2022), hasta que localizamos el texto que más nos interesa para, ahora sí, entrar en una lectura en profundidad, la cual, por supuesto, necesita del siguiente paso, la lectura inmersa que, propiamente, se desarrolla con la lectura de textos en físico, pero que, el lector formado, enormemente preocupado por aprender, investigar, o simplemente por deleitarse y disfrutar de la lectura, también puede, en la pantalla, desarrollar  “la capacidad de una concentración duradera que aumenta considerablemente los modos de pensar desarrollados con el uso de las tecnologías de pantalla” (Kovac), en especial, la lectura de textos científicos, divulgativos, literarios y de entretenimiento.

En toco caso, sea cual fuere el soporte de los textos, lo esencial es que el lector, al aplicar los tres tipos de lectura: global, en profundidad e inmersa, necesita estar concentrado, dado que, “con la lectura en silencio nos identificamos tanto con el texto que nos olvidamos por completo del mundo que nos rodea. De este modo, a veces vamos adquiriendo nuevas palabras, nuevos significados de palabras conocidas, nuevas expresiones y, con ello, nuevas conexiones cerebrales. Entonces leemos en profundidad” (Kocav, 2022), porque estaremos en condiciones de comprender, analizar, reflexionar, cuestionar, criticar y, por supuesto, disfrutar de la lectura de un texto, por riguroso que este sea en su concepción conceptual e ideológica; y, ante todo, pensando en que nuestra flexibilidad de pensamiento nos conducirá a ser eficaces y eficientes tanto cognitiva, estética y éticamente en cada asunto humano que, con la pasión adecuada, nos encamine a canalizar humanísticamente nuestros proyectos de vida.