Ya te he entregado todo mi cariño
mi corazón, también mi poesía,
ardiente como el sol de medio día,
y pura como lo es el alma de un niño.
Mi amor también, mi fe, todo mi ser
y estoy dispuesto a darte hasta la vida,
mi canto hondo y sentido, cual, lírida,
hasta que llegue el fin, mi atardecer.
Y no sé cómo pueda definirlo
te confieso en verdad, sin aspaviento,
pues no hallo ya otra forma de decirlo.
Ni encuentro modo alguno de expresar
la pasión y el amor que por ti siento,
dime mujer, ¿qué más te puedo dar? …
Acf
