Atentado al patrimonio arquitectónico de la ciudad de Loja

Numa P. Maldonado A.

Si algo se conserva y respeta como invaluable en toda sociedad, es ese conjunto cultural, tangible e intangible, estructura básica de la memoria histórica, que conforma la parte esencial de la identidad de un pueblo: su modo de ser, su seña particular, su mejor carta de presentación…

“El Patrimonio Cultural Tangible o Material se compone de los bienes muebles e inmuebles hechos por las sociedades de nuestro pasado”. Y como componente de este Patrimonio Cultural, el denominado Patrimonio Arquitectónico, materializado por monumentos, edificios y construcciones, siempre ha representado “nuestra memoria física y nuestra evolución o involución social”. Por esta misma razón, el Patrimonio Arquitectónico de una ciudad, ha sido asimilado al concepto, algo más complejo, de “Centro Histórico”: por ejemplo, el vasto y bien conservado Centro Histórico de Quito, le valió para que la UNESCO la declare, en 1978, Patrimonio Cultural de la Humanidad (la primera ciudad en recibir este galardón en América Latina). ¿Por qué? Porque Quito, sus habitantes y autoridades, civiles, militares y religiosas, tuvieron el acierto, la responsabilidad y el afecto a la tierra que los vio nacer o los acogió, y cuidaron y conservaron sus monumentos, hoy convertidos en admirados íconos culturales y religiosos, orgullo no sólo de Quito sino de todo el Ecuador: la iglesia de la Compañía, la iglesia y Convento de San Francisco (casi intocado en su espacio físico desde tiempo inmemorial), la basílica del Voto Nacional…

En nuestra querida Loja, ¿qué ha sucedido con el Centro Histórico? Podemos afirmar, tristemente, que casi ha desaparecido. Y, lo que es peor, en estos días circula la noticia cierta, de que lo poco que queda de esa importante memoria histórica tangible, sigue el curso irremediable de la extinción. Y según la historia los culpables de estos atentados han sido los mismos de siempre: altas autoridades civiles, particularmente municipales, y eclesiásticas; representantes de instituciones culturales y educativas indolentes, tibia opinión mediática, funcionarios públicos corruptos, indiferencia ciudadana… Me duele decir esto, pero si me quedo solo en lamentaciones, seguiría haciendo el juego a una tradición perversa.

Como evidencia objetiva sugiero la lectura del importante libro: “Loja, su patrimonio arquitectónico”, publicado en 2013 bajo el auspicio de Hidalgo&Hidalgo, prefacio de José Beltran B. y autoría de los Arq. Karina Monteros Cueva, Verónica Noriega A. y Ramiro Correa J., profusamente ilustrado, que contiene un relato de la evolución urbanística de la ciudad, desde la época de la Fundación hasta, prácticamente, nuestros días. Contiene dos croquis: 1) siglo XVI, década de los 90 y 2) Centro de la ciudad de Loja, década de los 70, y un plano de la ciudad de 1828. Documentos que señalan objetivamente el cambio urbanístico de Loja. Entre otros aspectos: la desaparición de la iglesia de San Agustín, que tanto lamentó el Dr. Pío Jaramillo; del Seminario Mayor y otros edificios señoriales, la conversión en dependencias comerciales del Palacio Episcopal…; pero también la presencia, desde 1596, del Convento de las Conceptas, de cerca de una hectárea, cercenado en su espacio físico desde hace pocos años atrás, por ofertas materiales tentadoras (cerca de la mitad, al ex – banco del Azuay y a las oficinas del actual SRI y del IESS, en su lado occidental; y en el septentrional para edificios comerciales, y una capilla). Y hoy, en forma urgente y casi a escondidas, edificando más almacenes comerciales en el lado Sur.

Me uno a la justa protesta del concejal Pablo Jaramillo, del colegio de arquitectos de Loja y de varios compañeros de la Academia Nacional de Historia-Capítulo Loja, por este atentado a la cultura de Loja que nos conduce a una involución social.