Numa P. Maldonado A.
Del corto discurso de Daniel Noboa al asumir la presidencia de la República, tomamos la frase que titula la presente entrega e invita a unirnos sin banderías partidistas ni otro tipo de intereses, contra los grandes males que nos aquejan: desgobierno, inseguridad, falta de trabajo… Unirnos, si, todo el mundo lo repite y está de acuerdo. Pues es obvio: unirnos para combatir la inseguridad y la corrupción, y hacer el país más vivible… Pero ¿cómo? Cambiando positivamente. Algo también sabido, inobjetable, pero que en nuestro caso se ha hecho tan difícil de realizar, porque tal vez nunca lo hayamos intentado… Desde luego, no escribo para seguir lamentándonos o recriminándonos. Escribo con algo de esperanza, pensando que esta vez, ojalá en un momento feliz y bajo un liderazgo acertado (que promete eficacia y equidad, privilegiando a los “más necesitados” y divorciado de los corruptos), en un gesto de madurez, responsabilidad y valentía, dejando a un lado diferencias y ambiciones, podamos unirnos racionalmente para recuperar el país. Y con este buen inicio iniciar con decisión el Gran Cambio, inobjetable e indispensable, de partida, que significa cambiar el obsoleto, desprestigiado y malvado estilo de hacer política, cada vez más perfeccionado negativamente en el país. Estilo al que, de tanto practicarlo, asoma refrendado, masoquistamente, casi como único y hasta ejemplar, particularmente en sociedades atrapadas por pseudo líderes de partidos o movimientos ideológicos extremistas que se aprovechan de la “estupidez humana”, con fines perversos y egoístas.
Daniel Noboa, para lograr un mínimo ambiente de gobernabilidad al iniciar su mandato, pactó acuerdos principalmente con dos partidos políticos, la Revolución Ciudadana (RC) y el Partido Social Cristiano (PSC) y hoy existe una Nueva Asamblea dirigida por esa mayoría. Y, por cierto, planteados ya varios juicios políticos, entre otros el de la RC, sin apoyo del PSC ni del ADN (partido del gobierno) contra la fiscal general, Diana Salazar, dirigido a lograr la impunidad de miembros de RC condenados a prisión y el regreso al país de Rafael Correa. Mientras el ejecutivo ha emitido, entre otros, dos decretos: 1) envío a Israel a la vicepresidente Verónica Abad, en calidad de “mediadora en el Conflicto de Gaza, considerado más como expatriación; y, 2) el primero enviado a la Asamblea, para su aprobación o rechazo, sobre Reforma tributaria que aboga por la mano de obra juvenil.
Pero lo prioritario (importante y urgente) es cerrar las obligaciones económicas de fin de año (13vo sueldo, deuda a los GAD, evitar apagones, primeros estragos de El Niño, combate a la inseguridad…). Una fuente sugerida es recaudar la vieja deuda a los grandes morosos del Estado, de alrededor de USD 10.000 millones, entre otros, precisamente, el grupo Noboa, y la rebaja del alto interés de la banca privada, una de las más altas del continente. Y, sin lugar a dudas, el establecimiento de un “régimen económico de guerra” dirigido por un liderazgo gubernamental honrado y eficiente (“El éxito de un gobierno se debe: el 85% a los líderes y el 15% a los subalternos”, Edward Deming, precursor del concepto de calidad total, considerado el padre el milagro japonés).
Saludamos la posesión del nuevo contralor, Mauricio Torres, a pesar de tantos contrapisos y consignas perversas: Un acierto de la Asamblea. Al presidente Noboa: ¡Buen juicio y suerte, para el bien de todos!
