Luis Antonio Quizhpe
Como anota Mora F. (2020), el acto lector transforma el cerebro en su química y en su física a través de procesos de recableado neuronal en los que el cerebro reinventa caminos que logran que los niños aprendan a leer. Y este aprendizaje supone una gran transformación porque el cerebro está diseñado genéticamente solo para el lenguaje oral, el que se lo aprende de modo espontáneo, con solo escuchar hablar a la madre mientras el ser está en su claustro y luego en el entorno. Este avance humano data de 3 millones de años.
En cambio, el cerebro no está programado para el leguaje escrito. La escritura nació por contacto de los seres y la necesidad de comunicarse, hace unos 6 mil años, lo que constituyó una gran revolución por ser un acto profundamente humano. Pero, leer y, por supuesto leer bien requiere de un laborioso proceso de aprendizaje, de atención y concentración, de memoria y entrenamiento explícito que dura tiempos e, incluso gran parte de la vida si acaso se aspira leer a la perfección.
Según Mora F. (2020a), en el aprendizaje de la lectura entra en juego todo un proceso neurológico que involucra la activación de circuitos neuronales en los hemisferios derecho e izquierdo, para decodificar la información visual (letras) y asignarle un significado y sonido. Este proceso se desarrolla en varias etapas, donde se identifican letras, que se combinan para formar palabras y se les otorga un significado semántico, culminando en la comprensión del texto, que a su vez activa áreas relacionadas con la imaginación, la memoria y la emoción.
Según González B. (2020), el desarrollo lector, aparentemente sencillo de adentrarse en un texto para entender lo que él dice implica que nuestro cerebro procese información de forma visual, auditiva, lingüística y motora, para lo cual entran en juego las siguientes estrategias:
1) Percepción visual, en la que la vista capta los signos gráficos, cuyas señales activan la corteza visual, creando «imágenes» mentales de las letras y palabras, oraciones, períodos, párrafos, capítulos y partes.
2) Decodificación fonológica, donde las áreas visuales se conectan con las áreas del lenguaje y el cerebro asocia los signos gráficos con sus sonidos respectivos, ya sea de forma aislada, letra-sonido o combinada, palabra-sonido.
3) Procesamiento semántico, donde se asigna significado a las palabras y oraciones, lo que implica acceder a conceptos relacionados y a la comprensión del entorno del texto.
4) Comprensión y significado, donde el cerebro integra la información de manera coherente y, en función del texto, puede activar áreas que generan una respuesta emocional o imaginativa. El proceso se vuelve cada vez más automático con la práctica.
En fin, aprender a leer es toda una conquista para el niño porque su cerebro se transforma, al trabajar sus áreas neuronales que se activan para que se produzca la sinapsis, es decir, la conexión entre las neuronas que posibilita la transmisión de información. Si a este proceso se suma el ingrediente emocional, tendremos a un potencial lector que ha aprendido a decodificar un texto en base a lo que realmente ama.
