Desafío de 2027: elecciones para recuperar el servicio

Quilanga, 26 de febrero de 2026

Nos encontramos a las puertas de un proceso electoral que, en febrero de 2027, renovará las dignidades locales: Prefecturas, Alcaldías, Concejalías, Juntas Parroquiales y el Consejo de Participación Ciudadana. No es una elección cualquiera; lo que está en juego es la viabilidad de la gobernanza local y la necesaria renovación de sus liderazgos.

El panorama es complejo. Las reformas al Código de Organización Territorial exigen a las autoridades ajustar el gasto corriente bajo la fórmula 30/70, lo que obliga a una revisión profunda de las remuneraciones que, bajo el amparo de la “autonomía”, han sido fijadas de forma desproporcionada. El escenario se agrava cuando la prensa lojana revela que las autoridades actuales apenas alcanzan un 20% de gestión externa. En otras palabras, con recursos garantizados por el Estado y sueldos privilegiados, la gestión se ha quedado estancada en el escritorio, lejos de la inversión real que el pueblo demanda.

En cuanto a la selección de candidatos, observamos con preocupación tres perfiles recurrentes: los «autoproclamados» que omiten la democracia interna; aquellos amparados en su pasado o sus recursos económicos; y quienes, a sus gremios, pretenden convertirlos en plataformas políticas. Estas prácticas obstaculizan una selección y participación genuina de hombres y mujeres de pensamiento, acción y valores, dispuestos a servir con integridad.

El contexto actual es un llamado urgente a los partidos políticos y a la ciudadanía para repensar la política como lo que realmente es: «arte y ciencia» al servicio del bien común y del Sumak Kawsay. Debemos alejarnos de la visión de la política como un negocio o como una reunión de amigos a quienes se les retribuye con cargos y sueldos como si de un club de beneficencia se tratara.

Sin embargo, no todo está perdido. Es el momento de recuperar los valores esenciales de nuestros pueblos: la unidad, la minga como trabajo colectivo, el sentido de pertenencia y, sobre todo, la capacidad de renunciar a posiciones personalistas para abrir paso a ideas innovadoras. En esta búsqueda deben confluir todos: quienes ya tuvieron su oportunidad, quienes están hoy en funciones y quienes aspiran a llegar para aportar y no para «deportar» el futuro de nuestra provincia.

Es imperativo encontrar una fórmula de gobernanza que engrane el liderazgo con la solvencia ética. Necesitamos autoridades con la misión clara de servir y no de servirse, donde la identidad y la decencia caminen juntas. Construir realidades a partir de las aspiraciones comunes exige vivir y sentir la comunidad, generando una confianza basada en el compromiso y la cooperación. Solo así, transformando la política en un ejercicio de transparencia y trabajo coordinado, podremos devolverle a nuestra tierra la dignidad que sus representantes nunca debieron olvidar.

Empecemos ahora porque el tiempo es corto, organizarnos es un deber cívico para liderar y emprender una lucha titánica que nos una a todos. El camino no es fácil, pero, estoy convencido de que esta debe ser la oportunidad, si lo logramos, ganaremos todos.