Una vida plena

Fernando Oñate

Sentirnos insatisfechos en algún momento de la vida es completamente normal, cuando esto sucede, muchos entendemos que necesitamos cambiar para mejorar. Sin embargo, existe un insatisfacción diferente, aquella que se transforma en una trampa mental en la que caemos cuando dejamos de vivir nuestra realidad para enfocarnos solo en nuestras carencias, generando un círculo de frustración que nos desconecta del presente y complica nuestro bienestar emocional.

La insatisfación se manifiesta de varias maneras. Hay quienes experimentan una sensación de vacío emocional, marcado por una falta de entusiasmo o interés por las actividades cotidianas, cumpliendolas de manera automática, sin experimentar placer o motivación. Otros evalúan constante su vida en función de los éxitos o logros ajenos lo que genera una sensación de inferioridad y frustración. La mayoría experimenta un sentimiento de estar “atrapado” en una vida que no les satisface plenamente.

En cambio, una vida plena no tiene nada de eso ya que se sostiene en tres pilares fundamentales. El primero es el amor al prójimo. El Señor Jesucristo nos dice que debemos amar a los demás como a uno mismo (Mateo 22:39) incluso a los enemigos, haciéndo por ellos el bien (Lucas 6: 35)  ya que «Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona» (1 Juan 4:12, RVC). El amor transforma la actitud de la persona hacia la entrega incondicional, la empatía profunda y el sacrificio propio en beneficio del otro, sin esperar recompensas. Un segundo pilar es estar consciente del sentido y propósito de nuestra vida. Hemos sido creados para amar a Dios y al prójimo (Marcos 12:30-31), para glorificarle en todo lo que hacemos (1 Corintios 10:31) y para cumplir Su voluntad (Eclesiastés 12:13). La vida cobra sentido al conocer a Dios, superar las pruebas con su ayuda y vivir conforme a Su plan. Un último pilar es asumir nuestras responsabilidades. Somos llamados a hacer todo con excelencia, como para el Señor (Colosenses 3:23). Por ejemplo los hombres deben asumir la responsabilidad de proveer para sus hogares (1 Timoteo 5:8), las mujeres deben edificar sus hogares (Tito 2:4-5). Todos debemos asumir el rol al que somos llamados con la madurez necesaria (1 Corintios 13:11) y desempeñarlo con excelencia.

Una vida plena se resume en las palabras de Jesús: “Lo más importante es que primero busquen el reino de Dios y hagan lo que es justo. Así, Dios les proporcionará todo lo que necesiten” (Mateo 6:33, NBV). Busquemos su reino, lo demás corre por su cuenta.