El siglo XX fue una época muy importante en la historia de los procesos de los movimientos sociales. En las primeras décadas de siglo XX, el concepto de movimientos sociales estuvo vinculado a los procesos de emergencia de movimientos sociales concretos en el marco de la transición a la democracia y de la instalación de las políticas neoliberales en la región.
Pero, las últimas décadas del siglo anterior los procesos históricos pasaron de la noción de movimientos sociales por la de movimiento popular. Este desplazamiento semántico implica el doble gesto intelectual de repensar la particularidad de estas formas de acción colectiva en América Latina, recuperar la clase social como dimensión interviniente —junto a otras— en los fenómenos sociales; y abrir a nuevas líneas de investigaciones poco exploradas.
Estamos, en Ecuador y en América, en una nueva etapa de los movimientos sociales que están en un proceso de convertirse en movimientos populares.
Por definición los movimientos sociales no son simples medios del cambio social ni la expresión pasiva de tendencias sociales de cambio, sino actores que se involucran activamente en el curso de los acontecimientos con el fin de influir sobre el desarrollo de los mismos.
José María Vigil, nos ayuda a profundizar sobre el tema: “Paradigmas hay muchos, y están por todas partes, sólo que… son transparentes: no se ven. Como los cristales. Sólo te das cuenta del todo cuando tropiezas con ellos. Cuando la persona vegana te discute tu derecho a comer carne; antes no te lo habías planteado; tenías un paradigma, pero sin darte cuenta.
Los paradigmas que utilizamos los seres humanos han estado cambiando siempre. De vez en cuando surge un nuevo movimiento filosófico o ideológico: es que son muchas las personas que se sienten mal ante la manera de pensar tradicional, y optan por un modo nuevo, una nueva tendencia, un nuevo paradigma.
Los Movimientos Populares (MP) registraron un ascenso histórico importante en la segunda mitad del siglo pasado. Por ello es necesario abrirse, sacar las antenas, desplegarlas, y tratar de captar por dónde van los movimientos intelectuales de la humanidad. Qué está diciendo la ciencia. Qué nuevos paradigmas se han hecho presentes en el escenario sin que quizá nos hayamos dado cuenta. Por qué tanta gente está dejando costumbres que parecían sagradas e intocables. Por qué los jóvenes ya no vibran con lo que hicieron precisamente sus padres, con los luchadores latinoamericanos de hace sólo 30 años…”
