Fernando Oñate
Tener un propósito en la vida equivale a tener una brújula que guía nuestro camino. Cuando tenemos un propósito claro, nos volvemos más resilientes ante los desafíos y contratiempos. Vivir sin propósito, por su parte, supone vivir con un vacío existencial, a ciegas. El propósito no es algo que se pueda medir con simples metas (culminar una carrera universitaria, casarse, viajar a Europa, por ejemplo), sino algo mucho más profundo que da sentido a nuestra vida.
Un estudio realizado en 2019 en el Reino Unido mostró que el 89% de los jóvenes entre 18 y 29 años siente que su vida no tiene un sentido o propósito claro. El 80% de las personas encuestadas no encontraba el sentido de su vida, aunque en personas mayores de 60 años este porcentaje bajó al 55%. Cerca de la mitad consideraba que el sentido de la vida tenía que ver con sus seres queridos.
Al leer las escrituas comprendemos que fuimos creados para ser como Jesucristo “Nuestra meta es convertirnos en gente madura, vernos tal como Cristo y tener toda su perfección” (Efesios 4:13 PDT), no faltará quien diga que esto es imposible, pero el propósito en nuestra vida es ese, procurar ser como Él. Por ello, nuestra vida debe ser testimonio de adoración permanente al Creador, el apóstol Juan decía: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4:11) y no es que el Señor necesite de nuestra adoración, para nada, nuestra adoración es una muestra de amor reverente al autor y consumador de todo. Nuestra vida debe estar enfocada en el servicio a los demás: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas» (Efesios 2:10), viviendo como una sola familia en Cristo: “todos ustedes deben vivir en armonía y amarse unos a otros. Pónganse de acuerdo en todo, para que permanezcan unidos. Sean buenos y humildes” (1 Pedro 3:8 TLA), cumpliendo la Gran Comisión dada por el Maestro: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28:19-20).
Vivir nuestra vida conforme al propósito del Señor transforma la existencia, otorga paz, sentido, enfoque y esperanza eterna. Alinearse con la voluntad divina simplifica la vida, elimina la ansiedad, ofrece fuerza en la adversidad, nos da vida abundante y con significado. ¿Acaso existe una vida mejor?
