Galo Guerrero-Jiménez
El libro provoca infinidad de conductas en cada lector que, como el caso del guerrillero Che Guevara que leía con mucho placer por la influencia de su madre y, ante todo, leía para inspirarse en cómo trazar mejor su accionar humano en su lucha revolucionaria que lo obligó a movilizarse siempre con un libro en su mochila. Al respecto, Ricardo Piglia comenta sobre él que “la marcha supone además la liviandad, la ligereza, la rapidez. Hay que desprenderse de todo, estar liviano y marchar. Pero Guevara mantiene cierta pesadez. En Bolivia, ya sin fuerzas, llevaba libros encima” (2015); pues, esa era su mayor pesadez que, se entiende, la soportaba porque se convertía en una liviandad; tenía la idea placentera de que le era posible sentarse a conversar, en el momento que le era posible, con ese libro, con ese amigo que, silenciosamente, le decía, quizá, muchas cosas al Che, para poder sobrellevar la pesadez de su vida revolucionaria.
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