Ecología holística, en conmemoración al Día Mundial del Medio Ambiente

José Vicente Ordóñez

Esto sabemos. Todo está conectado como la sangre que une a una familia. Lo que le acaece a la tierra, acaece a los hijos e hijas de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida, es una mera hebra de la misma. Lo que le haga a la trama, se lo hace a sí mismo.

Así empieza “La trama de la vida”, libro publicado en 2002 por Frijot Capra, considerado por muchos como el génesis de la ecología holística, un nuevo concepto, opuesto al enfoque antropocéntrico de occidente heredado de la tradición judeocristiana, cuya visión es el uso de los recursos para beneficio de la humanidad.

Desde su aparición hasta nuestros días, el concepto ha evolucionado incorporando ideas provenientes de corrientes filosóficas como: el igualitarismo biocéntrico de Spinoza o el Parmatma de Ghandi, en donde subyacen ideas similares que exaltan el valor y el derecho intrínseco de todo lo que existe por ser parte de una misma unicidad.
La importancia de la ecología holística en los actuales momentos es evidente, según publicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), -en Wuhan (China) epicentro de la crisis-; se registraron altos índices de correlación inversamente proporcional entre: la pandemia de Covid-19 y la vinculación de los seres humanos con la naturaleza, por las siguientes razones:

-La zona registró: tráfico de animales silvestres, monocultivos, deforestación, producción agroindustrial intensiva, manejo fabril de granjas y abarrotamiento en mercados de comida.
-Intrincadas redes de comercialización aproximaron la urbe moderna con profundas zonas de junglas y bosques, lo que provocó que animales de granjas y mercados entren en contacto con patógenos desconocidos, generando drásticas alteraciones en diversas especies.
-El tamaño y densidad urbana de la ciudad se asienta en rápidos sistemas de transportación masiva, lo que produce híper movilidad de la población.

Los elementos enunciados favorecieron el contagio y la rápida propagación de la enfermedad, replicando las condiciones de otros brotes registrados en años anteriores como: la gripe aviar de los años 2004-2005, gripe porcina de 2009, síndrome respiratorio de Oriente Medio (Mers) en 2012-2014 y Ébola en 2014-2016.

Estas experiencias deberían servir para incidir en las causas socioambientales relacionadas con la aparición y propagación de crisis sanitarias, impulsando iniciativas aplicadas en otros sitios que pueden servir como referencia, por ejemplo: Copenhague (Dinamarca), Ámsterdam (Países Bajos), Estocolmo (Suecia), Berlín (Alemania), Portland (Oregón), Vancouver (Canadá), son territorios sostenibles catalogados como ciudades jardín, cuyas fortalezas son: movilidad sustentable, espacios verdes de acceso público, jardines urbanos, tejados verdes, edificios respetuosos con la naturaleza, sistemas intensivos de cuidado y preservación del agua y absoluto compromiso con la reducción de emisiones de CO2.

Por ende, la humanidad puede y debe mejorar su relación con el ambiente, basándose fundamentalmente en el respeto hacia todo lo que existe, eso incrementa la posibilidad de resiliencia ante las crisis y de cara al futuro es la única alternativa sostenible, ya que la bio-esfera no es una herencia que recibimos sino un legado que encomendaremos a las próximas generaciones.