“Sin ahogarse en el vaso de agua”

SABEL

En una comuna de ranas acostumbradas a vivir cómodamente en las lagunas que se formaban con la lluvia, hubo un tiempo que azotó la sequía. No había lagunas, charcos ni estanques, todo estaba árido y las saltarinas se enfrentaban a la crisis del cambio.
Secas circunstancias que las puso en cuarentena, sin haber un ambiente digno, buscaron refugio en el prado, debajo de las sombrillas de los hongos o cerca de las rocas antiguas que saben más de la vida.

Y aunque se armaron de paciencia, esperaban que el agua vuelva en cualquier momento, viviendo así la crisis resignadamente en ese vaso limitado de vida. Pero la cuarentena se hizo ochentena y aunque eran verdes de esperanza, pronto se fueron haciendo maduras.

Entonces, intuyeron que nada volvería a ser como antes. Así, una de ellas, percibió que debían ir en busca del río más próximo, aunque alargadamente lejano, pues solo así encontrarían salida al mal paso y la posibilidad de volver a realizar su ambiente ideal.

Emprendiendo de salto en salto, a veces en seco, otras veces en árido, hasta llegar a encontrar el arroyo. Contradiciendo toda predicción de adormecimiento y conformismo, estas criaturas, encontraron una solución de vida. Salieron del espacio limitado para demostrar que muchas veces se seca el vaso pero no la fuente. Como dijo mamá: “Sin ahogarse en el vaso de agua”.