Pan, techo y camello

José Bolívar Castillo Vivanco

Vivimos de emergencia en emergencia y las emergencias constituyen la insustituible posibilidad política de ejercer la filantropía con fondos públicos que resulta ser un gran negocio económico y sobre todo político. Al Estado en su versión central o local no le toca distribuir bienes de consumo, sino crear y garantizar las condiciones para que los ciudadanos con su trabajo productivo de bienes y servicios satisfagan sus propias necesidades.

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¿Y el quinto pasajero a bordo?

César Eduardo Briceño Toledo

Entre otras interesantes sagas que hemos visto últimamente en el país, sobre narcorufianes y rateros de última data; nos deslumbró la audacia del bribón Daniel Salcedo Bonilla, quien con su amante -¡por qué nunca puede faltar la parte romántica del cuento!- y 2 pasajeros más-uno de ellos no aparece y que presumen sería un César Rodríguez- pretendió burlar la justicia ecuatoriana, mediante un viaje de Guayaquil-Puná-Perú; en una avioneta supuestamente robada a Alfredo Adum, pana del “loco que ama” Abdalá Bucaram. Fue una triangulación perfecta para llevar a cabo el plan siniestro, como la cosa nostra de no haber ocurrido el fatídico percance el 8 de junio pasado.

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Requerimiento vital, las fronteras vivas de la nación

Augusto Costa Zabaleta

Aún retumba en nuestras mentes y en el horizonte, el eco fidedigno, de los discursos y proclamas de la voz inteligente y patriótica de un preclaro e insigne hombre público, germinador elocuente de la nacionalidad y el civismo, que en su corto período de mandato ejemplar, el Abogado Jaime Roldos Aguilera, cuando entre nutridos parámetros de destacado estadista, decía: La Patria y su grandeza, no se la cataloga ni mide, por la hegemonía y prosperidad de su capital, ni la pujanza económica y social de las grandes ciudades, la grandeza de la patria radica en la armonía de las fronteras vivas de la nación.

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