Cultivando mi mandarino”

SABEL

El mandarino es el artífice de la mandarina. Es originario de China, su nombre viene del color de la fruta, igual que los trajes de los emperadores chinos.  Esta historia dice cómo se cultiva un propósito.

Para plantar un mandarino hay que ser cuidadoso.  Esperamos éxito, si se hizo cosas como: regar la tierra, quedando húmeda pero no mojada y el abono.  A las pocas semanas la planta crece.  Pasado un año, hay frutos.

Así como cultivo el mandarino, es el propósito.  Digo que fue mi mandarino una campaña de momentos felices para vecinos.  Los cumpleaños la semilla.  Mi mandarino era esa idea exigente. Debía saber: ¿qué les hace feliz?, ¿cuáles son sus necesidades?, ¿en qué puedo colaborar? 

Aprendí que nos gustan los regalos.  Vi que las personas están ocupadas y sus seres queridos cumplen años sin mimos.  Descubrí que morimos sin que nos rieguen, nos abonen. Sin mucho que moje o poco que seque de alegría. 

Mi mandarino fue “Preciosos Momentos”. Cultivándolo, propuse: me encargaría del presente: sea regalo, desayuno a la cama, mini-pastel con velita, u otros. Yo lo entregaba con mensaje en tarjeta de quien envía.  Así, en el instante, hacía brillar la felicidad, la capturaba en foto.  Vendía el precioso momento. 

El mandarino empezó a crecer y a los doce meses, daba enormes frutos.  La gente lo buscaba, querían fotos.  Y no era cualquier foto, eran instantes felices.  Cultivando mi mandarino, llegó la felicidad.