Importancia de la cultura general

Santiago Armijos Valdivieso

Aunque existen muchos criterios, podría decirse que la cultura general es el conjunto de conocimientos fundamentales sobre diversos temas del pasado, del presente y del futuro con los que contamos para entender y afrontar la existencia. Penosamente, esta cultura general que, sea dicho de paso, siempre nos engrandecerá y nos ayudará a tener una mayor comprensión de nuestro entorno, está seriamente descuidada y hasta podría decirse que, en el caso de muchas personas, es casi inexistente. Una de las principales causas para que ello ocurra ha sido el síndrome de los llamados “bárbaros verticales”,  término utilizado por el filosofo español Julián Marías (1914-2005, discípulo de José Ortega y Gasset) para identificar a aquellos individuos que, por zambullirse en las profundidades del conocimiento específico de su rama de especialidad, han descuidado peligrosamente la horizontalidad y grandeza de la cultura, situándose paradójicamente en un estado de peligrosa incultura. Claros ejemplos de aquello podrían ser el caso del médico oculista, especializado en córneas, quien carece del conocimiento suficiente para hilvanar un breve comentario motivado respecto a la Revolución Francesa; el caso del comerciante, quien, jamás ha escuchado de la ubicación geográfica  y del éxito de los países escandinavos; o, el caso del ingeniero civil, experto en la construcción de túneles, quien, nunca ha leído una obra literaria. Otra de las causas que han minado la cultura general de las personas ha sido la banalidad cotidiana que marca la sociedad actual, en la que tendemos a ser una especie de autómatas que sobrevivimos dentro de los linderos de nuestro micro mundo individual en el que no existe cabida para el conocimiento universal que nos conecte e identifique con nuestros semejantes.

De ahí la importancia de que cada uno de nosotros, sin importar género, profesión, ocupación, ideología o credo, construyamos y alimentemos nuestra cultura general, separando lo trivial de lo sustancial para convertirnos en individuos críticos y preparados para sostener conversaciones de gran alcance en relación con los temas y problemas que caracterizan al complejo mundo. Para lograrlo, mucho nos serviría leer libros y periódicos, ver buenas películas, series de tv y obras de teatro, absorber conocimientos multiculturales de los mejores sitios de internet, investigar todo aquello que genere curiosidad o duda, maravillarnos con la poesía y la música, incluir en nuestro círculo de amigos y conocidos a personas con espíritu cultivado, y, por supuesto, revisar historia, geografía, filosofía, antropología, sociología, etc.

Está claro que nadie puede saberlo todo, pero resulta indudable que podemos y debemos contar, a más de los saberes que nuestras actividades laborales imponen, con conocimientos fundamentales de cultura general que guíen nuestra ruta de vida, que nos ubiquen con claridad en el planeta, que tiendan puentes para integrarnos con el prójimo y que nos impulsen a ser ciudadanos de todo el globo terráqueo. De no hacerlo, limitaríamos aún más nuestro breve paso existencial y confinaríamos nuestra subsistencia a los bordes de la pequeña esfera de conocimiento respecto a la que gira nuestro quehacer diario y especializado.

Al respecto, Mario Vargas Llosa, en su extraordinario ensayo  La civilización del espectáculo, acertadamente precisó que: “El especialista ve y va lejos en su dominio particular, pero no sabe lo que ocurre a sus costados y no se distrae en averiguar los estropicios que podría causar con sus logros en otros ámbitos de la existencia, ajenos al suyo. Ese ser unidimensional puede ser, a la vez, un gran especialista y un inculto porque sus conocimientos, en vez de conectarlo con los demás, lo aíslan en una especialidad que es apenas una diminuta celda del vasto dominio del saber”.

Por todo ello, sin importar la ocupación que ejerzamos, seamos profesionales o no, siempre debemos alimentar nuestra cultura general; al hacerlo, no solo que ratificaremos la trascendencia de la especie humana, sino que agigantaremos nuestro existir.