Discapacidad permitida

Sandra Ludeña

Es oportuno referirme a esta especie de “batalla medio perdida”, y la significancia de una discapacidad, como condición especial que ubica a una persona como discapacitada. Alejadamente de lo que intenta la ley, vivir una condición especial invariable frente a la vida de no contar con las mismas condiciones físicas, es un viacrucis.

Retornemos a la “imagen del indio permitido” atribuida a Charles R. Hale, profesor de la Universidad de Austin, y para otros de Silvia Rivera Cusicanqui, investigadora boliviana. Se trata de la imagen del indígena latinoamericano incorporado al sistema “domesticado”, que ingresa al mercado y es una figura “amable”, que no crea conflicto ni genera ningún tipo de problema al establishment.

Así como lo referido, cree identificar un tiempo en el que se aprecia un intento por incluir la “discapacidad permitida” como figura óptima para usos indebidos. Ahora lo explico:

Hoy a diferencia del ayer, las personas con diferencia físicas gozamos de “discapacidad permitida”, con ciertas ventajas legales que dan mejora en las condiciones de vida. Es por esto, que la norma garantiza la inclusión al empleo. Sin embargo, pocos son los que estemos en condiciones de trabajar y menos son los empleadores que cumplan con la condición de contratar.

De la misma forma, la discapacidad da derecho a rebaja en impuestos. Sin embargo, ¿qué discapacitado logra tener un trabajo exitoso, que le permita ingresos para beneficiarse de tales rebajas? El acceso a la educación es dificultoso por los impedimentos físicos propios de la discapacidad. Resulta utópico pensar que un individuo con la discapacidad logre beneficiarse de una beca de las ofertadas, a no ser en raras excepciones.

Sin embargo, lo que sí es seguro es el odio. Nada tiene que ver las necesidades de las personas con discapacidad con lo que en la práctica se viene dando. Más cuando se ha intentado utilizar un fenómeno social corrompido, para dar a entender que un trato igualitario de las personas con discapacidad tienen tinte superlativo. “Hay que ser discapacitado para ser beneficiadísimo”.

El morbo está que arde, no obstante, se debe dejar de discriminar y herir a las personas con capacidad especial. Esta batalla medio perdida, por una sociedad inclusiva ha tenido ahora un quiebre vergonzoso, aprovechando la coyuntura de que el Presidente de la República tiene capacidad especial.

Creo que aquellos que se hacen pasar por discapacitados, deben ser destituidos de sus cargos y quedar prohibidos del servicio público. No podemos profundizar esa figura de “discapacidad permitida” y que sea aprovechada por inescrupulosos, que tratan a toda costa de lanzar su lodo con ventilador.