Las nacionalidades indígenas y la pandemia

Luis Pineda

La crisis de la salud provocada por la pandemia del coronavirus nos ha obligado a mirar varias realidades que antes no las conocíamos o no las queríamos ver.

En relación a los sentimientos en relación al otro ser humano, es decir, sentir el hecho de que todos los seres humanos somos tan frágiles ante una crisis de salud universal; pero, al mismo tiempo la fortaleza de los seres humanos para, en forma solidaria, enfrentar a la pandemia. Sin embargo, hay una arista dolorosa, el otro puede convertirse en un enemigo sino guarda las medidas sanitarias para evitar el contagio.

Otro componente de esta crisis es la “implantación” del uso de la denominada “tecnología de punta” para la mayoría de actividades cotidianas: la educación a distancia desde la escuela hasta la universidad; la normalización del teletrabajo; el uso de la impresión 3D para la fabricación de herramientas sanitarias; los trámites en instituciones públicas y privadas para los pagos de servicios, compras, préstamos; la relación con familiares, amistades y otros seres humanos por medio de videoconferencias, zoom y otros. El otro lado de esta realidad es la interrogante ¿cuántas personas, familias, grupos sociales tienen acceso a estas tecnologías?

Un ámbito que aspiramos sea muy positivo es el cuidado y el uso racional de nuestro planeta, pues es evidente que una de las causas de las pandemias es la destrucción de la biodiversidad.

De igual manera, es evidente que hay nuevas exigencias en relación a las condiciones higiénicas en la vida cotidiana.

Finalmente, confiamos que los seres humanos, por la crisis económica o por conciencia social, seremos capaces de un cambio de hábitos de consumo, utilización de alimentos más saludables, prácticas de las actividades físicas cotidianas; todo ellos para fortalecer nuestro sistema inmunológico.

Ahora, hay un clamor mayoritario de que volvamos a la “normalidad”. Es muy discutible este concepto, pero hay un cuestionamiento radical de las nacionalidades indígenas, y cuyos planteamientos los resumimos en un artículo de Ollanta Yitzamna: “¿Por qué los pueblos indígenas no deberíamos pedir volver a la normalidad?”:

“Los pueblos indígenas, y todos los sectores subalternos o explotados por el sistema hegemónico neoliberal, lo que menos debemos pedir es “volver a la normalidad”. En la normalidad “añorada” lo normal para los pueblos indígenas fue subsistir sin derechos cargando a cuestas obligaciones. Lo normal en la normalidad era y es reprimir y asesinar a cuantos defienden derechos.

En la “reclamada” normalidad lo normal fue y es la corrupción pública. Es normal que los gobiernos corruptos hipotequen a nuestros hijos con deudas externas impagables… Es normal que destruyamos a nuestra Madre Tierra persiguiendo satisfacer nuestros deseos activados maliciosamente por el mercado.

Pero, también son tiempos fecundos que nos deben afianzar en nuestro compromiso con nuestras propuestas de la “nueva normalidad” post pandemia que propugnamos. Una nueva normalidad con una humanidad reconciliada con la Madre Tierra. Una nueva normalidad donde el humano encuentre su plenitud y felicidad en la felicidad del resto de los miembros de la comunidad cósmica.”