Multitud de vulnerados

Sandra Beatriz Ludeña

Una lectura social de los hechos más recientes en Ecuador, me dice que es un atractivo negocio fabricar una multitud de vulnerados, ahora me explico.

Se cree que hay multitud de personas queriendo participar de la difusión de las leyes, puede ser de protección contra la violencia, de los derechos sexuales y reproductivos, de los presupuestos participativos, de la atención prioritaria, de la producción y microeconomía. Y así sucesivamente.

¿Pero, qué tiene que ver todo eso, con el sentimiento de ser vulnerado, de saberse ultrajado en los derechos? Yo diría que poco. Nos hemos volcado muy rápidamente a delinear un escenario para vulnerados: campesinos, mujeres, ancianos, niños, niñas y adolescentes especiales, enfermos, y así muchos más.

De todo esto, cada quién saca su tajada. Los fabricadores de leyes requieren un mayor número de vulnerados. Así se justifica bien ese rol de hacedores de normas de papel muy prometedor para la polilla, que a la final, es la más beneficiada. La solución de los problemas es aparente y en lugar de mejorar, empeora las condiciones preexistentes.
Por otra parte, los agitadores sacan lo suyo. Quedar como justiciero es buen negocio, siempre y cuando se haga notar su lucha. Aunque, no sepamos por quién se esfuerza, y su posición social de defensa de derechos esté muy alejada de la realidad.

En este país, vivimos la pandemia de la banalidad. Las leyes que deberían ser el resultado de debates, de lucha social y transformaciones culturales, no están siendo producidas genuinamente, me temo que hay condicionamiento y parches colocados al gusto de los intereses políticos y de poder.

Así, la idea de construir autonomías personales y generar asertividad es casi utópica. Como diría Amarthya Sen: “… los vulnerados capaces de elegir lo que quieren o con libertad para optar, no están incluidos”. Claro, la repartición del pastel de la legalidad es para poderosos, los otros-nosotros, solo utilizados.

Recurramos al tiempo de ayer: la discusión de la despenalización del aborto, lo del matrimonio igualitario, el maltrato animal, los indígenas, y otros temas sociales. Ahora son los carnés de discapacidad fraudulentos, que certeramente traerá reformas a la “Ley de discapacidades”.

Lo cierto es que los vulnerados no desafían el poder, por lo que en este campo, el esquema es muy nutrido para hacer historia y falsos heroísmos (también). A la final es un buen negocio. Si ni siquiera se debate con altura, solo se lanza la bomba y se deja que la multitud llore con el gas lacrimógeno del escándalo.

Mientras cada día, siento que los vulnerados perdemos la batalla, porque lo que duele no se ve. Y el que pierde, pierde y al resto no le importa.