Corazón de educadores

P. Milko René Torres Ordóñez

“Mirar, sentir y reflexionar con corazón de educadores la experiencia de la pandemia del COVID-19, es una tarea que tendríamos que intentar hacer en algún momento los profesores, para después motivar a nuestros estudiantes al desarrollo de su pensamiento crítico, el saber exponer su propio pensamiento y dialogar sobre su propio pensamiento y dialogar sobre la lección que nos está dejando este momento histórico para la humanidad” (Papa Francisco, La vida después de la Pandemia).

Los tres verbos con los que Francisco comparte su pensamiento sobre la vocación en la realidad que vivimos requieren un análisis especial. El corazón del educador, por su vocación específica, debe ser único en su dimensión, en su profundidad, en su entrega. Es el perfil ideal. Mirar: más allá del entorno, es esencial. Los estudiantes no son un número, ni un conglomerado que ocupa un espacio en el aula. Contamos con seres humanos, de carne y hueso, con alma, vida y corazón. Tendremos que sumergirnos en sus aspiraciones. Sentir: una realidad que afecta, con apariencia de sorpresa, incertidumbre, tristeza y esperanza, que nos desinstala. Un ser humano es un mundo complejo. Aprendemos de ellos cada día. Nos enriquecemos mucho. Reflexionar: ¿Cuál es el análisis del pasado, del presente y la proyección hacia el futuro acerca de esta vivencia? ¿Llegó de modo tan sorpresivo? ¿Cómo lo están asimilando? Interrogantes. Dice el Papa: “Los que estamos en el mundo educativo creemos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos…somos muchos más los que creemos que los profesores tenemos las cualidades para imaginar, soñar y construir un mundo mejor, competencias, diálogo, empatía, resiliencia, sabiduría, aprender, desaprender, para salir de cualquier zona de confort”. En este maremoto de experiencias, el profesor Goleman nos anima porque “tenemos la esperanza que este momento pasará, y como buenos educadores debemos prepararnos para el después, para enfrentar las consecuencias sanitarias, económicas, sociales, educativas, de violencia, y que deben ser enfrentadas básicamente desde la Educación”. Los recursos virtuales están a nuestro alcance. Debemos aprovecharlos ahora. Luego, volveremos a disfrutar del irremplazable ambiente educativo presencial, para que maduremos la importancia de la educación cara a cara, corazón a corazón. Concluyo con Goleman: “El contacto con los alumnos en el aula es lo único que puede dar verdadero sentido a la enseñanza e incluso a la propia vida del docente”. Recordemos esto: “Ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante. Solo los buenos profesores pueden hacerlo”. Amemos la educación, desde la óptica más clara, aquella que brota del corazón. Quienes nos ufanamos de tener vocación de educadores, tenemos claro el horizonte de este compromiso. Gracias a los educadores con quienes afrontamos la pandemia. Una luz en el camino.